El tanga de mi cuñada | CORNUDOS
El tanga de mi cuñada

El tanga de mi cuñada

-Ella sabía que estas cosas sucedían-

… fueron las palabras que Laura, mi esposa me daba como respuesta justo antes de provocar un gemido que me indicaba que estaba por alcanzar su 3er. orgasmo.

Y que a sabiendas que a ella no le diera tanta importancia que su hermana se encontraba en el cuarto de al lado, fuera mudo testigo de la cogida que le estaba propiciando a la que fuera mi esposa, ahora me importaría poco poner a vagar mi imaginación donde ella era participe de mis deseos más ocultos de hacerla mía.

Al siguiente día por la mañana, creo actuamos como una mañana normal donde despertamos, desayunamos y hacer un domingo familiar entre Laura, Gabriel, mi hijo de 6 años, yo, y mi cuñada Ilse…

Ella había decidido a petición de mi mujer que se viniera a vivir con nosotros a la capital mientras encontraba un trabajo y poder rentar un Dep. para hacer por fin su vida en libertad. Ella había salido de su casa con más miedo que ganas de vivir la vida, pero en un arranque de coraje que tuvo con su mamá y su padrastro aceptó a venirse con nosotros desde hace 3 meses.

Se acopló rápido a convivir con nosotros en nuestro Dep. y ayudar a los quehaceres del hogar, obviamente por lo reducido del espacio y solo contar con 2 recámaras, ella tuvo que instalarse en el cuarto de Gabriel. Ese día por la mañana entré a su cuarto para empotrar a la pared unos fierros para que la TV estuviera suspendida en el aire. No quise husmear más de lo que ya conocía, alguna vez cuando ellas y mi hijo habían ido al mercado me atreví a abrir su cajón y por encimita reconocer sus calzones encontré con uno color negro y que en la orilla contaba con un par de listones para hacer un amarre y hacerlo algo sexi. Ese me encantaba y lo acerqué a mi rostro para acariciar esa prenda, para olerlo e imaginarme ese manojo de pelos que cubrían un sabroso tesoro, me bajé los pantalones frotando mi pene a fin de depositar solo un poco de mí; ella no lo iba a notar porque eliminé casi por completo los fluidos que salieron y solo quedó una pequeña mancha justo donde se pone la toalla íntima porque estos ya habían impregnado y humedecido aquel artículo personal, era como pensar que se lo había hecho a ella y al volvérselos a poner estos escurrirían saliendo de su interior y fueron a dar ahí, una prueba que podría servir de evidencia de un adulterio jamás iniciado… Volví de mi pensamiento y proseguí con ese quehacer pendiente, cuando terminé tuve que dar esa inspección de rigor para ver que encontraba de nuevo y no hubo más que ver un cuarto con infinidad de juguetes tirados en el piso, 2 camas destendidas y… aquella prenda que me había servido para desahogar una íntima fantasía.

Si, esa pantaleta que ya conocía colgaba casi afuera del cesto de la ropa sucia. Me dio miedo acercarme y tocar esa tela que había sido puesta tal vez el día de ayer y me imaginaba una escena donde me tomarían por sorpresa con el objeto en la mano y mi mujer y mi cuñada paradas en la entrada de la recámara sorprendidas de aquella inmoralidad, ¿qué les explicaría?, ¿Que esto no estaba por completo dentro del cesto y me alejé para anotar una canasta? Ó que tenía mis dudas de saber si eran de Laura y estaba sacando conclusiones de que estaban haciendo ahí, pero sabía que aún por todo, una estaba en la azotea colgando la ropa de todos y que la otra había salido a la tienda a comprar un foco precisamente para esa recámara. Acerqué mi mano algo temblorosa, tomé aquella prenda y la acerqué a mi rostro, aspiré y esa figura geométrica en forma de trapecio con tela de algodón en la parte interior estaba semi humedecida.

Lo solté dejándolo casi tal cual colgaba hace unos segundos y oí abrirse la puerta de la entrada. Era Ilse que había regresado de la tienda y que iba directo al cuarto, al llegar me dijo –Hola! Que haces y respondí que ya había instalado el soporte, solo era necesario subir la TV con la ayuda de alguien y terminaría. Me había apurado para que cuando llegase quien entrara me encontrara casi saliendo ó en el piso metiendo mi herramienta a la caja donde guardo todo ello, pero tuve que voltear hacía arriba y recorrerla de abajo hacía arriba, no quise haber hecho eso pero mis ojos me jugaron una mala broma deleitándome con aquel cuerpo escultural.

-Ah, Ok!, Respondió y fue al centro del cuarto subiéndose a una de las camas para querer intentar retirar el foco fundido y colocar el nuevo que había comprado, – no alcanzó, ¿me ayudas?, -claro respondí. Me paré inmediatamente y le acerqué la mano como todo un caballero para ayudarla a bajar de la cama pero ella no correspondió mi cortesía y bajó por sí sola; subí a la cama e instalé el nuevo foco sin problema. –oye, ¿me ayudas con la telera?

Llevaba puesto un pantalón corto y una camisa delgada con los brazos descubiertos, deteniendo en un hombro y el otro un delgado cordón y desconozco si aquella hembra había vivido una experiencia sexual con alguno de los que llegaron a ser sus pretendientes, pero tenía un sutil encanto y sus pretendientes creo yo jamás lograron admirar para luchar lo suficiente por su amor.

Bueno, eso a mí que me importaba, me trepé al ropero y con su ayuda levantamos el televisor, estando arriba mis ojos me volvieron a traicionar admirando sus senos color apiñonado. Lo monté y coloqué perfectamente y al bajarme del ropero ella estiró su brazo dando un salto y cayendo algo cerca de ella. No me había dado cuenta que habían de nuevo abierto la puerta y Laura estaba justo en la entrada de la recamara viendo esa escena donde tenía todavía la mano de su hermana. –¿Ya? Preguntó y sola se respondió, -¿le conectaste la antena y la luz? Que les parece si vemos aquí una película!. Me daba igual que hiciéramos al rato, y donde estuviéramos, la verdad más bien deseaba alejarme de ahí y retirar de mi pensamiento el cuerpo de una mujer que no debía desear y menos de un familiar cercano a mi esposa.

Llegó la tarde y la última tanda de ropa había salido de la lavadora, Ilse estaba ahora en el trabajo donde curiosamente los 3 laborábamos en una tienda departamental, yo en el área de cajas, mi esposa en el departamento de blancos e Ilse de recién ingreso había sido colocada en perfumería. Sabiendo que Laura saldría pronto a trabajar me apunté para ayudarla y tener la última tanda de ropa, así como bajar la que ya estuviera seca en la azotea. Se preparó, y salió rumbo al trabajo; Gabriel dormía y podía dejarlo un momento solo mientras dormía. Subí el cesto y empecé a colgar prenda por prenda de cada uno de nosotros y entre ellos la pantaleta de Ilse recién lavada. Me puse a recordar el aroma que tenía cuando lo acerqué a mi rostro, tal vez esta actitud sea antihigiénica pero que suciedad puede haber en esa prenda tan íntima de una mujer y más si se deben tanto cuidar para evitar contraer alguna infección vaginal… otra vez delirando con cosas sin sentido y de repente recordé algo, esa prenda ayer estaba limpia pues había regresado de trabajar por la noche y cuando llegó se bañó y el cesto estaba vacío exceptuando por la ropa de Brian y la de ella antes de bañarse, por tanto, si la última tanda de ropa era la de ese cesto donde había colocado unos calzones de mujer y que efectivamente no eran de mi mujer quería decir que eran los que se había quitado cuando se bañó… entonces… era los que se había puesto después de bañarse, porque entonces estaban en el cesto hoy por la mañana. –Dije buenas tardes, exclamó Doña Margarita vecina del 101 alzando la voz para despertarme de mi letargo con la pantaleta en mano. Fue algo ñoño querer deshacerme de eso poniéndolo en el mecate y una pinza para que no se volaran. –Tranquilo-, decía doña Margarita, -ni que nunca haya visto a estos jóvenes de ahora queriendo ayudar a las labores de la casa y más colgando los calzones de su mujer-. –Ah, si- exclamé, viéndome como un pendejo cuando se inhibe al comprar unos condones ó unos tampones.

-Que pase buenas tardes- se despidió Doña Margarita quedando nuevamente solo con mis pensamientos canallas. Laura era todo para mí y habíamos tenido disgustos por cualquier nimiedad, pero a veces se esforzaba tanto en la cama para darle gusto a su marido y encontentarlo pronto y todo disgusto se difumine en el colchón ó en el sofá… Pero maldita sea esa vieja se me estaba antojando, si alguna vez anduve con 2 gemelas a la vez sin que ellas se dieran cuenta y haberme confundido de nombre cuando estábamos teniendo relaciones, ó aquella señora cuarentona que fue la que inició mi vida sexual; mi vida sexual había tenido buenos momentos y los supe aprovechar al momento, pero eso lo había dejado en el pasado a fin de portarme bien desde que me casé, bueno, alguno que otro desliz esporádicamente…

Mis locuras no me llevaban a nada y quería olvidar aquellos malos pensamientos y estos volvieron atacarme haciéndome recordar lo que había deducido hace un momento, porque estaban algo humedecidos, porque se los había quitado, cuando, la misma noche que se los puso ó al siguiente día. Bajé al Dep. y ahora andaba buscando en la basura para hallar alguna toalla. Laura no porque ayer lo habíamos hecho y sabía perfectamente que días de cada mes iniciaba, así que debía encontrar rastro alguno donde ella me respondiera con la más minima gota de sangre que Ilse estaba en sus días. Busqué en las sábanas, en la basura del baño y nada de nada. Mi mente iba lejos de mí para retroceder el tiempo y encontrar la respuesta añorada.

Llegó el lunes y todo era como de costumbre, Ilse trapeaba y yo me alistaba para salir a trabajar, Laura no estaba pues esa semana entraba temprano y a mí me tocaba el turno de medio día. Cuando pasé por el pasillo que conecta las recamaras con la sala ella ya me había tapado el camino dándome la espalda y moviendo el trapeador. Cuanto quise haberle dado mínimo un llegue como los que le daba a mi esposa cuando estábamos a solas o cada que me cuidaba inclusive de mi cuñada para no hacer algo indecoroso en enfrente de ella.

-¿Vas a pasar?- murmuró ella, otra vez estaba ahí de estúpido embobado al verle su trasero, -S.. Sí!- contesté y ella se apartó para dejar libre el paso. Cada paso pedía olvidar cada recuerdo, cada parte redonda de su cuerpo y sus labios carnosos, implorando no voltear a mirarla y alejarme lo más pronto de ahí, como si hubiera profanado la casa de otra persona y estuviera con alguien a solas para hacer alguna cosa mala. Iba a mi salvación, rumbo a la puerta para virar la perilla y escapar definitivamente pero su voz detuvo mi intento fallido de huir. -!Espera!, gritó, -Ya te vas al trabajo?, Aún es temprano?- me hizo recordar. Y contesté que debía llegar temprano pero rechazó esa tonta respuesta y me pidió que todavía no me fuera, que iba a hacer un poco de agua fresca y que debía de tomar algo de agua porque afuera hacía mucho calor. Indudablemente hacía calor pues ella tenía un leve rocío de sudor en su rostro y rápidamente se volvían gotas de agua salada que inminentemente caían de manera brutal extraviándose en el busto y que no me atrevería a averiguar hasta donde llegaba cada gota después de perderse en la blusa. –Que té pasa? Tienes algún problema con Laura?, Que, no se entienden bien en la noche?- e inmediatamente esbozó una sonrisa. –No, nada de eso-, respondí. –Entonces? Andas algo distante?- me volvió a cuestionar, y le dije que todo estaba bien y le regresé la sonrisa para hacerle bien que todo andaba bien y dejar que me siguiera cuestionando más. Acepté el agua de sabor que había preparado y me senté en el sillón para dejar pasar un poco más de tiempo para irme al trabajo. Ella iba por la segunda pasada con el trapeador por toda la casa y ahí solo con ella me daba ese espectáculo al estar encorvada moviendo el trapeador de un lado hacia otro, atrás y adelante y yo ahí queriendo desnudarla con la mirada y solamente llegando a la figura que hacía las costuras de la pantaleta que llevaba puesta. Algo sensual, algo que erizaba mi piel y que definitivamente hubiera esperado algo más fuerte para haberme excitado, pero lo que más te cuesta trabajo obtener es lo que más te apasiona y eso estaba pasando con la hermana de mi esposa. Como hubiera sido si aquella noche que ella me había invitado a una fiesta en su casa yo iba decidido a declarármele pero al conocer a su hermana esta me atrajo por completo y heme ahí casado con un hijo. Me dejé llevar por estar seguro que no era la primera la que me correspondía, sino la segunda, dejándome llevar por todo lo que hicimos después, pasarla súper cada que la invitaba al cine, a comer hamburguesas ó platicar por teléfono hasta la madrugada.

Pero ella dijo en ese momento algo que me molestó mucho, había invitado a cenar a su jefe en la casa, mi casa, cuando solo el único semental era yo y yo había marcado mi territorio y a mis 2 hembras ahora un fulano quería robarse a ese tesoro. No demostré mi enojo y por la noche, después de que llegué ellos habían terminado su tertulia y de invitada mi mujer. Al termino de la cena salieron ellos a caminar un poco y mi esposa y yo vimos un poco la tele; justo decidimos irnos a pasar bien la noche cuando ella había regresado más rápido de lo que debía de haber sido la primera cita. No iba a esperar más tiempo hasta que ella se durmiera y nosotros por fin empezar, y oí que empezó a apagar todas las luces y pronto se estaba dirigiendo hacia su recamara para escuchar –buenas noches- y responder Laura y yo a coro –buenas noches- creíamos que ella al tocar la cama iba a entrar en un sueño muy profundo y no se iba a dar cuenta de nada. Así que empecé a calentar a mi mujer, a que esta abriera las piernas dándome el consentimiento para satisfacer mis deberes maritales y cumplir dejando a mi mujer satisfecha una noche más.

Laura estaba inquieta, cosa que ocurría antes de iniciar su periodo, ella se alocaba casi una semana antes y a mí me volvía loco su forma de desinhibirse para hacerlo más desenfrenadamente, posiblemente nada fuera de lo normal, pero como pareja lo disfrutábamos mucho como para conversar entre pareja al día siguiente. Yo sabía que al momento que Laura me lo pidiera ya de “a perrito” era el momento del clímax total para ella y la hacía jadear y gritar más efusivamente así que le dí lo que se merecía y ella no hacía más que tragársela toda como los perros callejeros donde no se pueden soltar y solo entrecierran sus ojitos por la zambullida que el perro macho está deleitándose con la lengua hacía afuera…

Terminé en una metida más profunda para que mi semen llegara más adentro, como si hubiera ahí dentro una pared y hubiese llegado ebrio para mearme mojando la pared. Me moví como si en la miada pudiera no sé, hacer una firma de que esa era mi pared y ofrecerle el último gramo de placer para por fin retirar mi miembro. Me importó poco quien estuviera en el otro cuarto y salí encuerado directo al baño para asearme, no quería dormirme así y despertar con los vellos pegados unos con otros o al mismo pene. Al pasar por el cuarto sé mi figuró oír algo parecido a un gemido y desaparecer en la noche un zumbido. No le puse importancia y me bañé, salí y fui directo a la cama pensando si aquella chica había disfrutado su cita con uno de los jefes de departamento de la tienda. Laura ya se había volteado y estaba un poco roncando, queriéndome decir con eso que lo había disfrutado y que estaba totalmente extenuada. Sin embargo yo aún algo cansado tenia fuerzas para estar despierto hasta que me ganara el sueño.

Al día siguiente todo era perfectamente igual, Laura ya se había ido, Ilse nos había hecho el favor de llevar al niño al kinder y yo estaba solo en la casa semidesnudo sintiendo que podía hacer eso a cualquier hora enfrente de aquellas dos hermanas que había refugiado en mi cueva. Pensé en lo de anoche, en aquel leve ruido que seguramente había hecho Ilse pero no me concordaba ese zumbido que había desaparecido inmediatamente. Entré al cuarto de ella y de mi hijo, abrí el cajón de su ropa interior y todo estaba igual, su mayor ropa estaba colgada y su cama había ya sido tendida, pero faltaba esa mochila escolar que había traído la noche que llegó y que hace tiempo no veía, donde la habrá dejado. No podía permitir que al dueño de la casa se le escondiera algo o mi función de aduana a mi territorio pudiera haber pasado algo que yo no conociera o que hubiera entrado de forma ilegal. Hasta que en el clóset, hasta arriba, tapado con varias colchas estaba aquella mochila al parecer sin nada que guardara… Sabía que había tiempo para esculcar aquella bolsa pequeña pero lo hice rápidamente para no ser descubierto, pues sus cajones y sus cosas eran como una embajada de un país extranjero en mi territorio, claro, este podía ser espiado y expulsar al hasta ahora mi amigo(a) en caso de una guerra. Había unos chicles, una credencial de ella de la escuela, papeles sin importancia y algo que había sido guardado como que en una bolsa oculta. Al buscar la entrada de aquella bolsa era una costura pequeña que daba a la borra o relleno de la mochila, era algo duro pero lo que supuse era la base no se me asemejaba a algún objeto visto por mí, apenas y metí 2 de mis dedos para alcanzar el objeto y sacarlo con mucho cuidado de su guarida hasta que poco a poco al ir saliendo descubrí un interruptor, teniendo la curiosidad de ver que hacía e imaginándome tal vez una lámpara de mano, lo accioné y este empezó a hacer un leve zumbido y una vibración rítmica… Tenía pilas!, funcionaba perfectamente y ese aparato había sido accionado hace poco!, Lo sabía!, No sabía que era sino más bien sabía que ella no podía dejar pasar que quería intervenir y lo estaba haciendo a su modo. Yo era el que hacía el trabajo sucio y el consolador se estaba llevando la mejor parte. Dejé todo tal cual y me fui a mi cuarto; ella llegó como a los 5 min. Después de mi descubrimiento pero para ese entonces yo ya me había vestido, entraba igual a medio día y ella le tocaba descansar ese día pues le debían un festivo laborado. Me senté en el sillón y esperé a que empezara la danza del vaivén del trapeador. Ella estaba contenta de que estuviera ahí un rato para platicar con alguien y de vez en cuando oírle algo cantar. Que más podía tener, mi mujer que respondía perfectamente bien cuando su hombre la necesitaba y otra hembra que esperaba en la otra cueva para ver si ella alcanzaba algo, bueno, la hembra se adelantaba en masturbarse para cuando viniera el semental…

La tarde en el trabajo hacía lo imposible por recordar exactamente aquel objeto, su tamaño, grosor, y textura, faltó poco para acercarlo a mi nariz y verificar si después de usado había sido aseado. Comprendí las cosas a mi modo y parecía un hombre que la noche anterior se había declarado e igual correspondido. De pronto había en mis manos unas pantaletas muy parecidas a las de Ilse y al levantar la mirada reaccioné cuando un cliente me preguntó:-Que, no me los vas a cobrar?-. Era mi cuñada que se había formado en mi caja para que yo le cobrara, porque no había pasado a otra que al fin y al cabo en otra ocasión habría hecho mi rutina de inspección para saber cual era el nuevo modelito. Ella se había comprado una tanga y un sujetador que hacían juego, definitivamente juvenil acorde a su edad. Pero mi morbo me hicieron vestirla para tener esa escena de verla masturbarse y quedar rendida con un poco de fuerza para colocarse la tanga y que toda la noche sirviera para sacar aquellos líquidos que habían sido emanados de su vagina para ser absorbidos por su nueva ropa interior.

-Hola Ilse, como estás, de compras?, Ella respondió moviendo la cabeza de arriba hacia abajo para no inmiscuir a los demás que ella había ido a la tienda para comprarse ropa interior. Le dí su cambio y se despidió diciendo que nos veíamos en la casa, como reportándome que ella esperaría hasta que yo terminara mi turno de laborar.

Hasta ahí todo iba bien, las noches posteriores a la menstruación de Laura tomé inmediatamente la iniciativa aquel artículo para caballero que no compartía con nadie más. Y las posiciones de a perrito duraban más tiempo para volver loca a mi mujer y que cayera exhausta de la embestida. Iba inmediatamente al baño y volteaba de reojo hacia el cuarto de Ilse. Aún en la oscuridad sabía que estaba despierta, podía ver su silueta acostada bajando las piernas y escuchar como el aparato lo habían apagado todavía adentro. Las mañanas eran iguales como todas las mañanas salvo que ahora los 3 coincidíamos en los horarios de entraba a la tienda y desayunábamos juntos. Era bonito desearnos los buenos días y tal vez en un futuro cercano los 3 reiríamos juntos por hacernos la misma pregunta al mismo tiempo: – cómo les fue anoche?-.

Luego, necesitaba algo más y empecé a abusar de las pantaletas de mi cuñada, una por una hasta que dejaran de ser vírgenes cada una de ellas. Buscaba el momento de meterme al baño con una prenda que había robado del cesto de ropa y rápidamente le hacía el amor, me venía en sus calzones y los esparcía para no tardarme en limpiar la prenda y como podía, sin que nadie me viera los devolvía al cesto sabiendo que mis dos mujeres no detectarían lo que había esparcido en la tela, pues unos minutos más esa ropa sería lavada. Era como si tener una mínima conexión de cuerpo con cuerpo. Esas pantaletas que me servían de consolación unas horas cubrían y daban calor a ese par de nalgas que no me pertenecerían jamás; imaginaba que era mi pene y no aquella prótesis la que deleitaban ese montículo hinchado de tanto vibrar y de vez en cuando encontraba en esas pantaletas sucias algún indicio de humedad y permitir que esa ropa fuera el único lugar donde habíamos intercambiado nuestros fluidos, solo una vana esperanza de verme como el autor de sus noches de pasión finalizando con una satisfacción trunca. Luego, se me vino a la mente que no había porque tirarlos así y de vez en cuando darme un festín con la ropa limpia, era algo ya enajenante y para unos tal vez algo enfermo, pero me había obsesionado con ser yo el que la fuera a victimar. Aprovechaba los raros momentos en que estaba solo y abrir ese cajón y buscar su tanga favorita si es que no la había usado ó la que según yo le hacía sentirse más cómoda por el algodón ó dependiera la ocasión. Lo más lejos que había llegado fue cuando al ir por la ropa seca en la azotea saqué mi miembro y dispuse una vez más de llegar en aquella pantaleta negra que había sido la causante que yo me diera cuenta que ella mojaba la prenda cuando se venía, y lo peor fue que el lugar donde me apoyé daba hacia La Latino, quizá y alguien que estuviera en el mirador le hubiera atraído aquel encuentro entre mi pene y la pantaleta de mi cuñada y pagara la cuota de los telescopios que están instalados allá arriba para identificar mi rostro enrojecido por tal satisfacción…

Lamentablemente las cosas empeoraron e Ilse sigo invitando al tipo a comer cada vez más seguido a la casa, yo diría que la cosa iba en serio pues llegaba cada vez más tarde, inclusive después del festín que le había dado a su hermana. Laura dormiría y yo con mi vigor estaría despierto para estar atengo a cualquier zumbido, cualquier rechinido que viniera del cuarto de a lado, pero o fui muy torpe y mi agudeza auditiva no estaban al 100 ó es que ella también llegaba cansada de estarse revolcando con aquel tipo. Me vino la culpa de pensar que a lo mejor yo la había incitado al borde de la desesperación y la orillé a entregársele por tener la necesidad real de solo escuchar, callar y cerrar los ojos para intentar conciliar el sueño mientras yo me deleitaba con su hermana…

Dejé de hacerlo con las prendas sucias por no querer encontrarme rastros de una pantaleta que había sido humedecida la noche anterior y huellas de semen que se habían desparramado del interior de su manopla. Si ella se estaba dejando bajar los calzones para que se la metieran, mi esperma seco ya había besado desde antes en su ropa limpia aquellos labios carnosos de la boca de abajo. Para que hacerme más tonto, ella tal vez pronto se iría de ahí y por fin haría su nueva vida con aquel hombre y no debía porque entrometerme de esa forma…

En una mañana de esas que ya no eran tan de costumbre, ella nos informó que pronto se iría a mudar a otra parte para tener su total libertad, no quise demostrar mis sentimientos de tristeza por aquella decisión tan justa para ella y echaría de menos su ropa interior, sus faldas entalladas y sus blusas blancas semitransparentes que usaba por política de la tienda departamental. Así que antes que se fuera me despedí de todo eso excepto del consolador que había desaparecido de su lugar oculto. Le dije adiós a ella, a su pantaleta negra que había sido más que una buena amante dadora de placer allá en la azotea viendo hacia La Latino…

El día que se mudó fue una mañana fría y nublada. Tomó su mochila y se despidió de Gabriel dándole un beso en la mejilla y ahora si las maestras del kinder donde iba él no se confundiesen en saber cual era mi esposa cada que ella fuera a dejarlo o recogerlo, ni mucho menos me llamarían la atención de no haber llevado el material completo porque Ilse no me daba los recados, y las maestras se extrañaran de cómo una mamá pudiera olvidarse de las obligaciones con sus hijos. Abrazó a su hermana para darle las gracias y también un beso en la mejilla como pago por todo el apoyo que le había dado en esos meses que la había aguantado en su casa; yo estaba esperando en el pasillo mi parte de agradecimiento tal vez más completo de lo que le dio a mi hijo y a mi esposa ó un complemento de ambos, pero solo se acercó lo suficiente para extender su brazo y darme la mano. No me dijo gracias pero un ligero apretón quiero entender que era la señal de agradecimiento que tan solo me merecía…

Laura entraba tarde ese día y llegaría pasada la media noche, yo descansaba ese día y bien pude haber acompañado a mi cuñada donde se había instalado, pero no lo hice, a ella tal vez la seguiría viendo en el centro comercial en el área de perfumes, a la hora de la comida ó tal vez me escogería como cajero especial donde pagar la adquisición de una nueva tanga. Gabriel había ido a una excursión y cuando llegó comió e inmediatamente se fue a la cama a recuperar sus energías con dormir una siesta que lo haría despertar hasta el día de mañana. Yo estaba en el sillón con la poca luz que se dejaba filtrar por las cortinas de aquellas ventanas hasta que la oscuridad invadiera el lugar y tal vez aguardar ahí hasta que llegara la mujer que no me había abandonado.

Así entonces oí que la puerta se había abierto y descubrí la figura inconfundible de Ilse, radiante de belleza, eso que le daba vida a mi casa una vez más desde que partió y volviendo a escuchar nuevamente su voz para decirme que había sido un error salir de la casa, su casa, mi casa que le había ofrecido cuando se separó de su madre y su padrastro y que esperaba otra oportunidad para enmendar su error de haberse ido a vivir con otro hombre…

-Hola!, ¿Porque estás a oscuras?- me dijo y de mala manera respondí porque sí; ella notó que no estaba de buenas y me pidió permiso para llevarse algo que había olvidado: su mochila. Sabía que la mochila de poco le serviría si ya no guardaba nada secreto ahí, y de nada servía esconder aquel vibrador si ya había un tipo que hacía buen rato se la estaba enchufando con mi consentimiento de todavía hasta gorrear la comida de mi casa.

Estúpidamente le pregunté: -bueno, y si ya viven juntos, porque no se casan primero, o que, primero van a ver si son compatibles?- Ella no dio interés a mi pregunta sarcástica pero aún así a los pocos segundos respondió: -A que te refieres con que si somos compatibles?, ¿Eso a ti te importa?, O es que tengo un nuevo padrastro al que le tengo que rendir cuentas de con quien estoy teniendo sexo-. Bastó para decirme a mí mismo y en mi mente: ándele idiota, a usted que le importa lo que haga ella y a quien le dé su culo.

-Yo no vivo con nadie, me salí de aquí para vivir sola como siempre había querido- todavía me respondió Ilse, -además lo que pasa con Sergio (el gerente de la tienda que la andaba cortejando y que no tenía necesidad de decir su nombre porque de un principio me cayó gordo el tipo) es mera amistad, no me atrae en lo absoluto. Al escuchar eso ultimo mi cuerpo vibró de júbilo aunque me repudiaba por verla a ella sola en vez de alguien que le diera mucho cariño…

De repente soltó la sopa de algo que no creí me iban a echar en cara. –Además, estoy harta de ponerme mis calzones con restos de liquido seminal, quise guardar esto para toda la vida pero no es justo Daniel que por haber pasado aquí una temporada te hayas cobrado de esa manera, querías tener dos amantes en el mismo techo y de paso que ellas fueran hermanas!-. Había sido avergonzado por mis actos en mi casa, en mi territorio y mi cuñada no hacía más que decir la verdad y que esto sería el inicio de destruir mi vida familiar. –Eres un desgraciado Daniel, un maldito desgraciado!-. No pude decir nada, no había forma de poder defenderme ni debía. Solo me importaba que mi hijo no despertara y que Laura no se atreviera a llegar a esa hora para averiguar porque su hermana estaba a punto de caer en llanto.

La oscuridad no le bastó y encendió la luz de la sala para posiblemente escupirme a la cara y solo me preguntó dónde estaba el niño. No respondí y ella fue a buscarlo a su recámara; tardó un poco y yo seguía inmóvil por aquella declaración pensando que muy pronto también lo sabría hasta ese entonces mi esposa, me vinieron mil cosas a la mente, estaba siendo juzgado por un juego que fui creando cada vez más y más y ahora todo llegaba a su final. Pero el ruido de sus zapatos de tacón me indicaban que nuevamente iba hacia la sala. Ahora que me iba a decir, que iba a pasar y quería saber si ella se iba a largar para salir después hacia un rumbo desconocido como un vil cobarde. Ella fue hacía el sillón y se puso enfrente de mí para decirme que nuevamente que era un desgraciado. De pronto Ilse se abalanzó hacia mí y cerré los ojos para ser golpeado por su furia, me escupiera, más mi sorpresa era que aquella mujer estaba encima de mí con la falda un poco levantada para abrir las piernas lo suficiente para que su cuerpo estuviera pegado con el mío. Ella tomaba con sus manos el respaldo del sillón a fin como un animal enfurecido para atacar a su presa. La posición era incomoda para mí después de lo que había pasado pero ella había callado empezando a refregar su pecho en mi cara, suavemente, sutilmente, no dejando un milímetro de mi rostro sin haber dado el respectivo conocimiento de cada contorno de mi cara. Paró justo donde debería estar la punta de su pezón en mi boca para que volviera a caer en mi locura de querer poseerla y juzgarme una vez más.

Ella me estaba usando, se paró abruptamente para subirse la falda y quitarse la blusa que le estorbaba, de mi solo quitó los pantalones y la camisa y volvió a posicionarse para a refregar nuestros genitales anteponiendo nuestras tusas a modo que él pené se me levantara al sentir esa carne tibia como una mano suave que me incitaba a masturbarme con ella, sus pechos calentaban los míos tiernamente pero no pude ver la punta del pezón y la aureola directamente, pues ella en ningún momento se quitó el sostén. Al finalizar el roce entre nuestros miembros, su pantaleta estaba húmeda y tibia por aquel liquido siendo la señal que estaba lista para el acto, y mi prenda había absorbido un poco de sus líquidos y la parte donde cubría la punta de la cabeza de mi miembro tenía un punto de mi líquido viscoso. Estábamos los dos ya jariosos, deseosos de copular deshonrando la casa habitada por su hermana como si fuera aquel cuarto un cuarto de hotel barato; más era difícil parar, el cuerpo no respondía en detenerse y si ya estábamos hasta ese punto, debíamos disfrutarlo mutuamente a lo más que se pudiera sin ningún remordimiento.
Apartó mi miembro del calzón para dejarlo al descubierto, estaba extremadamente excitado como para tener él liquido necesario para que mi verga pudiera resbalar sin ningún problema al lugar donde iba a ser introducido. Ella se lo acomodó alzándose el vestido hasta su cintura y de igual forma su pantaleta que le entreví, algo nuevo de color blanco y tela brilloso de satín; la jaló un poco a un costado para permitirle el acceso de mi chorizo que se estaba endureciendo más de lo habitual. Se afianzó bien al sillón a modo de que nuestros cuerpos formaran uno y que no hubiera ni un centímetro de espacio para poderme desprender

Y así empezamos en forma pausada nuestro primer encuentro sexual que nunca supe cuanto duró exactamente, mi pene se deslizaba sin dolor en aquel recipiente de carne llegando hasta el fondo sin que ella chistara por la embutida que se estaba propinando; un poco antes de horcajarse sola esa delicia de mujer había estado a punto de retirar con su lengua aquella gotita trasparente que esperaba en la mera punta y que al jalarme el calzón formó un hilo muy delgado transparente que no se reventaba por la distancia. Mi nueva hembra hubiera querido probarlo pero prefirió mejor acomodarse para lo que íbamos a hacer. Solo cerró sus ojitos para abusar de mí a su modo. Solo susurraba a mi oído –Así, así, así me lo imaginaba…- Sus gimoteos continuaron por un buen rato mordiéndose los labios para posteriormente apoyar su cabeza en mi hombro y pidiéndome al oído que no la dejara así caliente y que la dejara terminar.

Su piel empezó a sudar con una temperatura cálida olvidando el frío de la tarde; se movía y se movía cada vez más agitadamente y tratando que la penetración fuera más profunda, solo la ayude a que se lo empinara más empujando sus glúteos con mis manos, aquella tela blanca que le cubría las nalgas era el mejor vestido de novia que hubiese cubierto una novia tan guapa que se entrega en su primera noche de luna de miel pero ella mostrando que era experta en el arte del placer. De repente me estaba mojando a chorros sintiendo apenas salir unos leves hilos de agua era su primera venida conmigo y yo realmente había participado muy poco. Había parado ella que tanto se había aferrado a mí esa tarde sintiendo claramente como su corazón estaba a punto de explotar por cada latido tan fuerte que había dado hasta ese momento, estuvo un momento así y me había dado cuenta que no habíamos tenido contacto con nuestros labios pero ella movió la cabeza para que nuestras bocas no se encontraran. Solo pude sobreponer en mis labios unas cuantas gotas de sudor que pude juntar, ese sabor salado era único para que tiempo después estuviera a punto de dejar todo por ella. Se quitó de encima de mí y ahí salió un chorro más extenso para bañarme por completo mi miembro y mis piernas. Se fue semidesnuda al baño para secarse. El sillón había alcanzado su dosis de agua pero se desvanecería al secarse sin dejar huella alguna, pero ella no tardó mucho en regresar nuevamente a mí, dando en primeramente una ronda en el cuarto de Gabriel para ver si estaba bien.

Ella me confesó que desde que nos conocimos le había atraído, pero por un tiempo había estado arrepentida de haberme llevado a la fiesta de su casa siendo la responsable de haberme enamorado de Laura, ella calló desde entonces sus sentimientos y dejó que las cosas siguieran su curso, yo casadas con su hermana y a partir de haberse metido en mi hogar había renacido ese viejo deseo influenciado por mí en cada noche que nosotros gozábamos y ella permanecía silente como un espectador más en todos los objetos de la casa. Pudo más encarar la verdad aunque se la llevara la chingada con su hermana, sus padres y quien se fuera a enterar de la verdad de haber sido por una noche quien mereciera tales cogidas, le que se estuviera revolcando en el colchón de infinito placer en cada arremetida de verga pero no pudo más cuando por error había escuchado a Doña Margarita en la azotea diciendo a otras viejas chismosas que bien te la llevabas con la hermana y la cuñada juntas haciendo no se que cosas a toda hora por nuestra relación, vestimenta, trabajar en el mismo lugar y hasta verte dudar a la hora que tendías la ropa en la azotea si eran los calzones de tu mujer o de la otra. Laura no debía sufrir como yo había sufrido tanto tiempo en silencio cuando sentí que había perdido al que debía haber sido mi amante exclusivo. Según yo, en aquella fiesta, no me había dejado llevar por la primera opción y sabía que no me había equivocado con Laura, pero por algo me había acercado en ese entonces a Ilse, por algo no debí de haber dudado que era ella y esperar un poco más para ver cual era mejor partido. Ella me retiró del sillón para subirse encima de él en posición de cuclillas dejándome ver sus entrepiernas, sus muslos cubiertos por sus medias de nylon y esa pantaleta satín color blanco que cubría aquel pedazo de cielo y de locura. Estaba dispuesto a no parar y volverlo a hacer una vez más, deseaba tanto besarle los labios, la nuca sus pechos y aquel jugoso festín que ya había dado muestras que estaba vivo y sentía así que me hinqué cerca del sillón para acercar a mi rostro la pantaleta que llevaba puesta y que tenía la misma fragancia de una mujer totalmente limpia en sus partes íntimas; Presioné mi nariz a aquel montículo abultado y mis labios empezaron a besar aquella delicada prenda, como si dos bocas estuvieran a punto de tocarse impedidas por la obstrucción de la tela. Lengüetie el contorno de su prenda y en ocasiones mi lengua se había ido por debajo de esta para saborear aquella parte velluda más ella me ayudó nuevamente haciéndola a un lado para ver su ranura parecida a una papaya jugosa. No tardé en empezar a lamerle los genitales a tal modo que mi saliva y nuevamente su lubricante que producía su interior hacían grandes cantidades de gotas que iban a parar al contorno de la pantaleta y mojar más el sillón. Intentó hacerme ver que se iba a resistir a la nueva empalada que le iba a surtir pero no objetó sino al contrario, primero dijo: -Nooo..- y luego –Agghhhh!…- Hasta abrir sus piernas de tal modo como si fuera dar a luz y dejar al descubierto la textura de esa sabrosa papaya dejándome ver el rosa carmesí de su piel y un túnel que mi lengua debía explorar hasta lo más hondo que se pudiera meter. El sabor de esa carne viva y sus líquidos fueron un deleite, era miel pura que goteaba de un panal y que estaba dispuesto a tragar cada gota que fluyera de ella. Así mi lengua hizo infinidad de movimientos: si era arriba abajo tocaba extenuantemente su clítoris y luego hacía el otro extremo a punto de dar un chupete y mi labio tuviera contacto con su ano, pasaba a otro cambio donde de izquierda a derecha era como separar aquella carnita que tapaba aquel biscocho y este respondiera casi igual, como si sé entreabierta para permitir que mi lengua se acomodara en aquel cálido y húmedo lugar. Luego apreté más mi rostro para que mi boca empezara a succionar y ella empezó a bajarse más y más del sillón sin cerrar sus piernas, apoyada de sus brazos para sujetarlas y tenerlas en el aire. Luego me fui despacio para lamer su parte como si estuviera mal herida a fin de que cada lengüetiada hicieran sanar pronto la herida. Por último fui sarcástico con ella, dije “A” y mi lengua pinto una “A” mayúscula y minúscula, ella entendió el mensaje y se fue por todo el abecedario, algunas letras las repitió y otras le quitaban la respiración.

Después de un rato su carnosidad se empezó a hinchar como si toda aquella carne desease ser expulsada y pude sentir un par de contracciones que me indicaban lo estaba haciendo bien, ella solo miró para abajo mordiendo los labios con cara de arrepentimiento por verme toda la cara mojada de sus fluidos y un momento más había pasado y faltaba colocar la cereza al pastel.

El momento estaba listo cuando una vez más paramos y ahora se volteó para quedar hincada arriba del sillón. Retiré la falda y dejé las medias y teniendo la cola parada volví a acercas mi rostro para aspirar profundamente para saber a que olían sus nalgas. Era un aroma agradable y totalmente limpio, hasta su chiquito mostraba limpieza y un color rosado menos claro. Ese pequeño ojillo debía ser lengüeteado de modo sutil y me llamaba la atención que no estuviera floreado. Yo quería pasar mi lengua por todos lados, de pies a cabeza y ese punto entre sus asentaderas me llamaba locamente la atención. Me paré y me quité los pantalones y mi tusa bajé pero ella volteó intempestivamente para que no me lo bajara, para que lo hiciera a un lado y dejara salir todo mi aparato reproductor. Ella se volvió a colocar para ser tomada por el que debía haber tenido y ahora compartía calladamente con su hermana. Quise bajarle los calzones pero tampoco se dejó sino que los hizo a un lado. Me acerqué para joderle la vida y le dí unos cuantos cabezazos, ella mostró que estaba preparada cuando más abrió sus piernas haciendo un intento de agacharse más para dejar que su culo se abriera con facilidad en la primera arrempujada. Me quise pasar de listo tratando de hacérselo insertar por el chiquito pero ella retiro mi pene de ahí, su cabello se agitaba para darme una instrucción negativa y su voz decía: -por ahí no, en otra ocasión, te lo prometo-.

Entonces quedaba solo su abertura mayor, pero no inicie, fui al cajón de un mueble donde sabía había un par de condones viejos que dejé de utilizar cuando Laura se operó para no procrear más. Ilsé aceptó diciéndome que no quería quedar embarazada a la primera de un desconocido, sonreí y me pedí como todo buen caballero que ella fuera quien me lo colocara para que quedara conforme de que lo había colocado correctamente. Al ir nuevamente hacía la parte trasera de ella me lo quité sin importarme lo que pudiera suceder. Me Volvió a dar la indicación de que era hora al momento en que hizo a un lado su pantaleta para dejar al descubierto su sapo menudo pero que estaba bien abultado entre colgando como lo hacían mis testículos. Y fue así como me acerqué sin condón para que mi verga se fuera abriendo paso poco a poco haciendo que llegara cada vez más lejos de lo que mi lengua había llegado. Y me dio el sí para hacer mi sueño realidad: la iba a tomar para hacerla mi mujer. –Anda…- fue su resolución a hacer lo que tenía que hacer y se lo fui metiendo poco a poco hasta estar totalmente adentro bien pegados, sus nalgas se asentaban como si estuviera encima de mí y escuche en esa posición su primer gemido mayor a los que había ya escuchado…

En la primera sacada sucedió que Gabriel había despertado y se dirigía a la sala. Ilsé había escuchado sus pasos un poco antes y le había dado tiempo para apagar la luz de la sala, él venía tallándose los ojos preguntando si era ella su mamá, sé que me reconoció porque volteó hacia donde yo estaba parado deteniéndome de inmediato cuando vi que mi hijo se iba acercando, pero Ilse me estaba deteniéndome con su mano en mi cadera a modo que no se lo sacara –Si hijo, soy yo mamita, vete a dormir, en un rato más me acuesto tantito contigo, deja solos a papá y a mamá-.. Ella se las ingenió para con el brazo con que se estaba apoyando en el sillón le diera una caricia en el rostro a Gabriel para que obedeciera la indicación que su mamá le dado. Dio la media vuelta directo a su cuarto y no volvió a escucharse otro ruido. Ella volvió a decir por segunda ocasión: -Anda…- y volví a comenzar.

Cada metida y sacada la hicieron gemir de un extenso placer como que pocas veces sentido por ella, se lo refregué bien a modo que mi verga se estrellara y tallara bien totalmente su pared vaginal casi igual que como lo había hecho con la lengua pero no tan profundo; fue arriba y abajo, muy lento y muy profundo, luego le cambié el ritmo a rápido para que sus nalgas chocaran con mi cuerpo, y por ultimo me agache un poco para hacerme más hacia delante por debajo y acariciarle con mi extremidad su clítoris. Ella gimió, y presionaba su trasero para apretar cada vez más lo que le estaba metiendo su cuñado, su cabello volaba hacia delante por cada arrempujón y mis manos se aferraban a sus caderas para que no se escapara mi hembra. Luego mis manos se fueron a sus torneadas nalgas dándome cuenta que era la misma imagen de Laura, como un molde idéntico que había sido utilizado para las dos en un exacto rostro gemelo al trasero entre mi concubina y mi cónyuge. Cada gemido y zangoloteo me hacían creer que era mi esposa. Al momento de casi llegar a su tercer 3 orgasmo que le producía en esa tarde le hice ver que el condón no estaba puesto donde lo había dejado importándole poco, solo tratando de ver si efectivamente era el preservativo y luego volver a tirar su cabeza mirando al piso. Que más podía tener si a ella ya era mía, así que agarré sus glúteos con fuerza y los empecé a empujar rítmicamente hacia abajo para darle el ritmo que necesitaba para poder eyacular en forma potente. De los gemidos pasaron a unos gritos que se ahogaban en un cojín para no dar pie a mil fantasías a los vecinos del edificio, pero aún así para mí eran lo bastante fuertes y yo le seguí con gemidos cada vez más intenso de que todo pronto iba a culminar. Los dos llegamos juntos en una sincronía perfecta, yo había aventado una cantidad suficiente de esperma abundantemente blanco y con un olor penetrante como pocas veces habían sido bombeados desde donde se producen hasta su destino final. Permanecimos así inmóviles para disfrutar la abolición de nuestros deseos reprimidos y al despegarnos se le empezaron a salir haciendo un batidero entre sus piernas, ella no soportaba tal pegoste y quería escapar directo al baño. Pero esta vez antes de partir se agacho para limpiarme perfectamente el miembro y un poco de mi sabia blanca se quedara entre sus dientes. No creía hasta donde habíamos llegado, ni pensar que estaba de cuclillas y yo parado siendo aseado de esa manera, como cuando un animal salvaje baña a sus cachorros después de haber nacido. Finalizó deteniéndose al ver que se estaba desinflando poco a poco en cada palpitar de mi corazón mirando hacia arriba, como tratándome de explicar que nada podía hacer para que aquel globito se fuera desinflando por más de que tratara de soplar; lo metió a mi truza y le dio un pequeño toque haciendo alusión de que ahí estaba seguro y que no debía de escapar.

Se levantó y yo la levanté del piso para llevarla hasta el baño, ella se agarró bien con brazos y piernas y se dejó llevar, creí que nos íbamos a bañar juntos pero no me lo permitió, entró a ducharse sin mojarse el cabello y salió con la pantaleta puesta sin haberla lavado como una prueba y premio de lo que había conseguido: yo, el cuerpo de su cuñado. Después de que salió entre al baño para hacer lo mío sintiendo mi cuerpo solo el agua fría para que me ayudara a bajar mi calor corporal.

A los pocos minutos entró al baño para lavarse los dientes con mi cepillo dental y recorrió un poco la cortina del baño para verme completamente desnudo, quise esconder mi cuerpo en la espuma del jabón pero realmente era esto idiota.

Como sea, salí y me volví a vestir con ropa interior limpia y le dije que si no sentía incómodo por lo húmedo de su pantaleta, que si quería le prestaba unos calzones míos pero no aceptó, en primera porque conocía a su hermana y sabría que ella se iba a dar cuenta a la falta uno de los calzoncillos de su marido y en segunda porque todavía se le estaban saliendo… Nos fuimos un rato a la sala y encendimos las luces; limpiamos un poco cualquier evidencia incluyendo los calzones que fueron partícipes de la unión de dos personas en forma ilegal. Nos fuimos al sillón y ella se recostó un rato a mi lado. Podía oler su cabello lacio y un rato después nos separamos hasta esperar que Laura llegara.

Recuerdo que después de esto estando sentados me decía que se le hacía algo tan sorprendente como mis testículos se habían agrandado tanto de sentir como se estrellaban en su cuerpo y que no me hubiera dolido cada tremendo golpetazo. Me dejó en claro que había sido una loca aventura y que todo terminaría ahí.

Laura llegó casi a la media noche y la recibimos con gran alegría. Por la hora Ilse se quedó todavía esa noche y Laura jamás notó de forma extraña que esa fuera la última noche de aquella temporada que estuvo con nosotros para quedarse a dormir. Mi esposa nos atendió rápido en la cena para luego llevarme pronto a la cama, requería hacerlo y yo estaba ahí para satisfacerla. Como pude respondí y cuando terminé fui rápidamente al baño. Esta vez no hubo ningún zumbido pero llegué a escucharla que me decía: -Bien, así se hace!….

A la mañana siguiente todo parecía igual y fue creo yo algo igual. Solo sé que poco después ella renunció a su trabajo para trabajar en otra parte con una paga mejor y a los meses se juntó con un tipo que ya tenían una relación estable y que nunca conocimos en ese entonces porque jamás lo llevó a cenar a la casa.

Nuestros encuentros aún habiendo dos terceros continuaron esporádicamente pero ahora en diferentes hoteles de la ciudad, pareciera como si tuviéramos la necesidad de conocer todos o cada que pasaba por la tienda para comprar pantaletas nuevas y decirme de esta forma que había adquirido un artículo nuevo que próximamente le iba a bajar.

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