ÔĽŅ Los vicios de Nuria | CORNUDOS
Los vicios de Nuria

Los vicios de Nuria

De regreso a Alicante dejamos las maletas en su casa y me march√© sin muchas m√°s despedidas que un beso apasionado. Siempre nos quedaba un sabor amargo con la despedida pero debido a mi trabajo aun no hab√≠a podido establecerme en Alicante y comprar un piso para compartirlo con ella que de momento viv√≠a con su hermana. Aunque aprovech√°bamos la mayor parte del tiempo disponible para estar juntos o bien en casa de su hermana o bien en nuestro pueblo en casa de nuestros padres, o viajando. Nuestro √ļltimo viaje a Ruman√≠a hab√≠a sido demasiado apurado de tiempo, adem√°s de intenso, y no pod√≠a quedarme ni un d√≠a debido a mis compromisos.

Sola en el piso a Nuria la invadió una suerte de nostalgia del viaje, era un hormigueo similar al que sufrió los primeros días tras sus primeras experiencias en Rumanía, algo aproximado a la nostalgia, me echaba de menos, al tiempo que sentía cierto remordimiento por la espiral de vicio a la que se había adherido durante el viaje combinado con cierta preocupación irracional por mi lealtad y una inevitable humedad en la entrepierna y dureza en los pezones cada vez que recordaba las escenas vividas en los días anteriores.

Decidi√≥ ordenar sus maletas hasta que su hermana volviese del trabajo y tuviesen que hacer la comida, comenz√≥ ordenadamente a desmontar, sacando primero los zapatos y botas, que sumaban media docena, sac√≥ varios conjuntos de ropa de calle y de ropa interior que no hab√≠a usado, despu√©s colg√≥ la ropa de abrigo, sac√≥ la ropa usada y la seleccion√≥ con cuidado dejando algunas prendas estiradas en un gal√°n para volverlas a usar y el resto poni√©ndolo en el cesto de la lavadora. La ropa interior la coloc√≥ en el cesto de la ropa delicada y reserv√≥ las prendas de cuero, charol y l√°tex para limpiarlas con los productos adecuados. Por √ļltimo, abri√≥ la portezuela del aparador y coloc√≥ all√≠ el enorme neceser con sus juguetes, junto al resto de la colecci√≥n.

Decidi√≥ tomarse una ducha antes de comer y de ponerse con la limpieza del l√°tex y el cuero. As√≠ que se quit√≥ la holgada blusa que a penas alcanzaba con sus pliegues a cubrir el sost√©n de dise√Īo espec√≠fico para escotes agresivos, y la dej√≥ con cuidado sobre la cama. Se libr√≥ con alivio de los empinados zapatos de tac√≥n y baj√≥ la cremallera de la min√ļscula minifalda vaquera que call√≥ con facilidad al suelo. Enroll√≥ la media marr√≥n de su pierna derecha (cuya blonda dejaba entrever esa falda cuando se sentaba) y a continuaci√≥n hizo lo propio con la izquierda como una actriz regal√°ndose con su p√ļblico. Ech√≥ un vistazo y a trav√©s de la persiana subida y la cortina abierta observo frente a ella otras dos ventanas en el patio de luces, entreabiertas y con la cortina a medio echar; unos d√≠as antes habr√≠a cerrado al cortina, sin embargo sus pezones volvieron a endurecerse y se excit√≥ con al posibilidad de que alguna maruja la observase envidiosa mientras hac√≠a la cama.

Excitada se puso en pie frente a la ventana y cerrando los ojos con la cara humillada hacia el suelo se desprendi√≥ del ajustado sost√©n liberando los enormes pechos que bambolearon luciendo sus arrogantes pezones. Sin abrir los ojos pero mordi√©ndose el labio tom√≥ con la punta de sus dedos sus pezones clav√°ndoles ligeramente las u√Īas. La piel se le eriz√≥, a trav√©s de la ranura abierta de la ventana (a√ļn en invierno en Alicante el interior de las casas pide el aire fresco de la calle a mediod√≠a), escuch√≥ el caracter√≠stico sonido de unas cortinas corri√©ndose, se qued√≥ paralizada, dud√≥ un segundo con la excitaci√≥n creciente, conoc√≠a a sus vecinos, a aquel patio daban su habitaci√≥n y la de su hermana cuya ventana no pod√≠a ver y que a√ļn no estaba en casa y las equivalentes del 3¬ļ B donde viv√≠an Marian, una cuarentona separada desde varios a√Īos atr√°s, y Jos√© Luis su hijo, un yogur√≠n de apenas 18 a√Īos que de repente se le antojaba un David renacentista de bucles negros y cuerpo esbelto y

fibroso, a la vez que curiosamente delicado.

Respir√≥ hondo y se arm√≥ de valor, pas√≥ las yemas de sus dedos acariciando fugazmente sus pezones para certificar que parec√≠an querer estallar y llev√≥ las manos hacia las cuerdas del min√ļsculo tanga blanco a juego con el sost√©n. Pas√≥ los dedos gordos por las cuerdas y comenz√≥ a enrollar la min√ļscula prenda ayud√°ndose de un vaiv√©n de sus caderas y realizando de forma refleja la extensi√≥n de su cuello, que la llev√≥ con los ojos entreabiertos a mirar ahora hacia el techo, en un movimiento que se le antoj√≥ evocador del que siempre realizaba cuando sent√≠a una polla penetrar en su co√Īo.

En el tr√°nsito pudo observar como la cortina del dormitorio de Marian, la vecina, se hab√≠a corrido dejando libre una banda de unos 5 cm, tras la que se adivinaba perfectamente una figura humana. Volvi√≥ a tomar aire y dio unas vueltas m√°s a la cuerda del tanga que acab√≥ de revelar la min√ļscula mancha de pelo y finalmente unos labios vaginales rojos, inflamados y palpitantes de excitaci√≥n. Volvi√≥ a tomar aire y sinti√©ndose llevada de una fuerza irrefrenable paso los dedos de su mano izquierda sobre el pez√≥n mientras lam√≠a el √≠ndice y el coraz√≥n de la derecha con la misma dedicaci√≥n que si de una polla se tratase.

Arrastrando un hilo de saliva se llev√≥ despu√©s los dos dedos hasta el co√Īo, para acariciarse con las yemas los labios vaginales, arranc√°ndose as√≠ peque√Īos gemidos y espasmos que hac√≠an cimbrear sus pechos. En ese momento se sent√≠a ausente, en su cabeza giraba la enorme polla de Pierre y su co√Īo chorreaba al ritmo de sus caricias, perd√≠a la conciencia de la realidad al tiempo que sus u√Īas se clavaban en su pez√≥n y sus dedos penetraban fren√©ticamente en su co√Īo, en su mente se le antojaba aquel poll√≥n a mano para poder degustarlo en su boca, al tiempo que entre las dos ventanas se tend√≠a un puente y la simp√°tica vecina lam√≠a su co√Īo; de repente en su mente la polla de Pierre ya no colgaba de la entrepierna del franc√©s, sino de la del joven vecino y con aquella imagen se arranc√≥ un orgasmo a base de penetraci√≥n y un poco de ayuda de su dedo gordo en el cl√≠toris. Tras el orgasmo vino el relax y con el la verg√ľenza, as√≠ que se gir√≥ apresurada se calz√≥ las sandalias de tac√≥n de andar por casa y sali√≥ casi al trote hacia el ba√Īo.

Con el chorro de la ducha se arranc√≥ otros dos orgasmos y un tercero m√°s mientras se masturbaba al tiempo que pasaba la crema hidratante por todo su cuerpo al ritmo de la m√ļsica que sonaba en la radio del ba√Īo. Sali√≥ desnuda al pasillo solo con sus sandalias y una toalla envolvi√©ndole el pelo y dio un respingo al chocar con su hermana.

-T√°pate guarra que les vas a dar un festival a los vecinos‚Ķjajaja- su hermana ten√≠a por costumbre andar por casa descalza y sin ropa interior, pero manten√≠a siempre una camiseta amplia para evitar dar espect√°culos a los vecinos, Nuria habitualmente hac√≠a lo propio o usaba su bat√≠n de seda o un albornoz de ba√Īo.

Nuria sonrió y se dirigió a su cuarto, donde se tumbó en la cama e ignorando la ventana, tomó el móvil y me llamó. Conduciendo contesté con el manos libres:

-Si cari√Īo? -Cari√Īo estoy cachodisssima‚Ķme he hecho cuatro pajas desde que te has ido‚Ķ-Nuria tumbada en al cama hab√≠a empezado a acariciar de nuevo su co√Īo mientras hablaba.

-Jajaja, pero cari√Īo yo no puedo ayudarte, sabes que no nos veremos en m√°s de una semana, tendr√°s que consolarte con lo que puedas.

-Ummm- Nuria ya se retorc√≠a sacando y metiendo sus dedos chorreantes del co√Īo- jooo‚Ķ¬Ņcon lo que pueda cari√Īo?

-Si cari√Īo‚Ķjajaja‚Ķcon lo que puedas- por mi mente pas√≥ como un rel√°mpago la imagen de Nuria gimiendo de gusto en la cama de nuestro hotel mientras Pierre la taladraba.

Nuria se arrancó un nuevo orgasmo y como si con este hubiese alcanzado el equilibrio se secó el pelo se calzó un ajustado bóxer de deporte y sin nada más se dispuso a hacer la comida y comer entre las bromas de su hermana por la oca importancia que daba a que los vecinos del edifico de enfrente fuesen a disfrutar de la visita de sus pezones a través del ventanal del balcón; la respuesta estaba clara:

-M√°s sufrir√°n ellos que yo.

Después de comer la calentura la asaltó de n

uevo y los pezones hinchados y duros y una hucha transpirante en el b√≥xer la delataba, as√≠ que ante la mirada extra√Īada de su hermana, decidi√≥ renunciar a la siesta que las dos sol√≠an compartir en el sof√° del comedor, y dirigirse a su dormitorio. Se tumb√≥ nerviosa, ten√≠a ganas de masturbarse, pero no sab√≠a que hacer. Pens√≥ en sus juguetes; ech√≥ una mirada fugaz al patio de vecinos, la ventana de Marian estaba cerrada con la persiana bajada, pero a trav√©s de los cristales de Jos√© Luis pudo ver al muchacho de espaldas estudiando en su escritorio cerca de la ventana. Se decidi√≥ y se levant√≥ de la cama, baj√≥ estruendosamente la persiana de tal forma que manteni√©ndose en esa parte de la habitaci√≥n no podr√≠a ver al chico a menos que se asomara por los agujerillos de la persiana, y el chico la podr√≠a ver a ella desde la l√≠nea de debajo el co√Īo hasta los hombros aproximadamente. Con el ruido de la persiana estaba segura de que se hab√≠a girado y ahora mismo la estaba viendo.

Anduvo contoneándose como una profesional hasta el armario donde calculaba que el chico solo vería su culo; escogió la ropa, botas con 2 cm de plataforma y al menos 13 de ancho tacón encordadas por delante, en cuero negro, medias negras altas y con una amplia blonda de encaje, culotte y sostén a juego. Todo lo completaba un vestido cerrado por delante con cremallera, muy entallado, en color negro de manga corta y por encima de medio muslo.

Se visti√≥ recre√°ndose en cada movimiento desde una posici√≥n en la que estaba segura de que su joven vecino podr√≠a verla sin problemas; subi√≥ la cremallera del vestido hasta el centro de su pecho, al punto justo de dejar entrever el encaje negro del sost√©n luciendo un espectacular canalillo y se asegur√≥ de que la blonda de sus medias no se ve√≠a al andar. Se retoc√≥ el pelo cogi√≥ un bolso y se acerc√≥ a la ventana; comprob√≥ discretamente la casa de enfrente y vio que ya no hab√≠a nadie en la ventana, aguant√≥ unos segundos y vio que apoyado en la pared oculto estaba el chico; subi√≥ violentamente la persiana y el joven se movi√≥ azorado hasta desaparecer por completo de su √°ngulo de visi√≥n, Nuria se fue al ba√Īo para los √ļltimos retoques con una maliciosa sonrisa en la cara, no hab√≠a visto nada de lo que hab√≠a hecho su vecino pero pod√≠a imagin√°rselo todo.

Se despidi√≥ con un beso de su hermana y baj√≥ a la calle. Alicante, enero, 22 grados. A esa hora la calle estaba poco concurrida, pero Nuria necesitaba pasear y pensar. Necesitaba andar y cruzarse con extra√Īos, sentirse sexi a la mirada de los dem√°s, no encontraba otra forma de calmar la calentura que hab√≠a tra√≠do del viaje, una calentura que no se hab√≠a calmado, si no que hab√≠a crecido, con las pajas y el exhibicionismo de todo el d√≠a. En su mente no dejaba de dar vueltas un remordimiento, ¬Ņse hab√≠a convertido en una puta?¬Ņera eso malo?¬Ņimportaba?¬Ņera lo que Pascual deseaba?¬Ņlo deseaba ella? y su novio ¬Ņera el mismo hombre del que se enamor√≥ un par de a√Īos atr√°s?¬Ņla juzgar√≠a por lo que estaba haciendo?¬Ņla deseaba m√°s ahora?¬Ņperjudicar√≠a todo aquello a su relaci√≥n o, por el contrario, la beneficiar√≠a?.

Las √ļltimas palabras de Pascual resonaban en su cabeza: ‚ÄúSi cari√Īo‚Ķ con lo que puedas‚ÄĚ ‚Äútendr√°s que consolarte con lo que puedas‚ÄĚ. Volv√≠a a sentirse excitada, como cada vez que se enfrent√≥ a un nuevo reto en el viaje, como esa misma ma√Īana al sentirse observada, como unos minutos antes exhibi√©ndose ante su joven vecino, pero al mismo tiempo, como en cada una de esas ocasiones las dudas y los remordimientos merodeaban su cabeza: desde que llegaron a Ruman√≠a solo estaba segura de lo que hac√≠a cuando ten√≠a una polla dentro. Una idea asalt√≥ su mente y su cl√≠toris se inflam√≥, not√≥ el culotte h√ļmedo y los pezones duros, era como si algo la quemara por dentro.

Al final de su manzana hab√≠a un 24h donde habitualmente compraban el pan y algunas cosillas que siempre hac√≠an falta de urgencia, al pasar por el escaparate, y ver su sensual reflejo, observ√≥ a Miguel, el dependiente, ensimismado en unas facturas. Era un chico de unos veinticinco a√Īos, alto, con un perpetuo moreno playero, de evidente metrosexualidad como siempre indicaban barba, pelo, patillas y pantalones, y al que incluso el polo del trabajo sentaba bien perfilando una figura esbelta, de pecho bien formado, biceps definidos y vello depilado. Entr√≥ arrastrada por

un impulso:

-Buenassss…

-¬°Hola guapa!- el joven siempre era extremadamente simp√°tico- ¬Ņque quer√≠as? -Pufff‚Ķla verdad no lo se- Nuria acompa√Ī√≥ la aparente inocencia de su respuesta con un movimiento de brazos que presion√≥ su pecho provocando una exhibici√≥n de canalillo.

-¡Que indecisión!-bueno echa un vistazo a ver que puedo ofrecerte…

-¬°Ummm!‚Ķ¬Ņlo tienes todo en venta?- Nuria esboz√≥ una sonrisa p√≠cara y atraves√≥ los ojos del joven con su mirada.

-¡Jajaja!- Miguel no pudo reprimir la carcajada, sin saber aun si aquello era una broma de la vecinita, o realmente aquella chica aparentemente apocada era en el fondo un auténtico zorrón- todo no, hay cosas que para las chicas guapas son gratis.

-No seas cruel…no deberías burlarte así de las mujeres mayores- Nuria se giró para arreglarse (bajarse ligeramente) la cremallera del escote mientras se reflejaba en el cristal del expositor de los helados.

-Jajaja‚Ķno seas modesta, cualquier hombre dar√≠a un brazo por tener una mujer como t√ļ- Miguel empezaba a estar caliente y sent√≠a como se aceleraba su pulso mientras un bulto comenzaba a aparecer en sus ajustados vaqueros.

-No exageres‚Ķ.-Nuria abri√≥ el expositor y con el fr√≠o sus pezones se hicieron visibles de un respingo; tom√≥ un ‚Äúcalippo‚ÄĚ- que luego la gente se hace ilusiones y le toca irse a casa a‚Ķdesahogarse.

-No me provoques…-Miguel estaba lanzado-¡que cierro la tienda y tenemos un disgusto!

-No te tires faroles que al final me vas a romper el corazón- Nuria totalmente fuera de si y con la entrepierna chorreando chupaba el helado de hielo como si de una auténtica polla se tratase, con los ojos entornados.

-Repítelo y la cierro…-Miguel salió, empalmado ya, del otro lado del mostrador y a menos de un metro de Nuria amagaba con alcanzar la puerta y cerrar el pestillo.

-No te atreves‚Ķ-los labios de Nuria presionaron el extremo del helado y sus u√Īas descendieron por el escote acariciando el borde del sost√©n.

-A ver de que eres capaz….-Miguel llegó hasta la puerta, cerró y se giró hasta ponerse a escasos centímetros de Nuria.

-Lo siento, pero no llevo dinero‚Ķ¬Ņcomo puedo pagarte el helado? -En el almac√©n hay trabajo que puedes hacer para pagar‚Ķ

-Está bien- Nuria se giró y se dirigió a la puerta del almacén, al fondo de la tienda, cuyo interior tapaba una tupida cortina de plástico.

Miguel sigui√≥ a Nuria y ambos entraron en el almac√©n, el dependiente no se molest√≥ en dar la luz, as√≠ que a los reflejos de la luz de la calle tom√≥ a Nuria del brazo, la gir√≥, la apoy√≥ bruscamente contra una estanter√≠a y comenz√≥ a comerle la boca como si fuese lo √ļltimo que le quedaba en la tierra. Nuria respondi√≥ con pasi√≥n y con una mano se aferr√≥ a su culo mientras con la otra exploraba el enorme bulto de la entrepierna del dependiente. El tacto del gl√ļteo proporcionado y prieto bajo el ajustado pantal√≥n, el de la polla palpitante, sus labios, su lengua su mano apretando su teta hasta descomponerle el sost√©n excitaron a Nuria hasta la cima:

-Vamos joder…no hemos venido aquí a jugar- Nuria estaba fuera de sí, con lo que se desprendió del fogoso beso y bajó sin contemplaciones la bragueta del vaquero del muchacho.

-Perfecto, demu√©strame como te comes mi ‚Äúcalippo‚ÄĚ- con una mano sac√≥ del calzoncillo un poll√≥n pr√°cticamente erecto y con la otra empuj√≥ la nuca de Nuria hacia abajo.

-¬°Si joder‚Ķque pedazo de polla!-la exclamaci√≥n de Nuria no era exagerada, casi 20 cm de un grosor descomunal y aun no en plena erecci√≥n- Te voy a ense√Īar como se come una polla una autentica zorra y no esa ni√Īata que te follas‚Ķ

-La ni√Īata la chupa muy bien, as√≠ que demuestra si eres tan puta como dices.

La ni√Īata a la que se refer√≠an era una ni√Īita rubia de 18 o 19 a√Īos, a la que Nuria se hab√≠a encontrado, muy acaramelada con Miguel, en la tienda en varias ocasiones; haciendo exhibici√≥n fundamentalmente de sus juveniles piernas con microfaldas, pues (al buen entender de Nuria) a pesar de los wonder y los exagerados escotes, ten√≠a poco que ofrecer en cuanto a tetas. Nuria comenz√≥ con lo que mejor sabe hacer, lamer el capullo, pajear, acariciar los huevos y tragar polla, hasta conseguir que la erecci√≥n se magnificase al ritmo del bombeo de su amante. El grosor era tal que casi no pod√≠a respirar y le produc√≠a arcadas, pero Nuria chupaba

incansable, sin dejar de pasar sus u√Īas por el culo desnudo y la base de los huevos de Miguel.

-¡Joder!..así…vamos chupa pedazo de puta…demuéstrame que eres tan zorra como dices…-Miguel tenía ya la respiración entrecortada y bombeaba con fuerza la garganta de Nuria mientras le sujetaba el pelo de la nuca.

Nuria mord√≠a, lam√≠a, chupaba y tragaba hasta sufrir arcadas, se agarr√≥ al culo de Miguel clavando sus u√Īas en los prietos gl√ļteos para soportar las embestidas de aquel trozo de carne. De repente Miguel ces√≥ el bombeo y apart√≥ la cara de Nuria de su objeto de deseo.

-Calla…espera- Miguel se acerco con cuidado a la cortina de tiras de plástico.

Nuria, sujeta aun del pelo y de rodillas en el suelo, mir√≥ de reojo y observ√≥ como la muchachita rubia forcejeaba extra√Īada con la puerta.

-Mira zorra‚Ķhablando del rey de Roma‚Ķvamos puta ponte de pie quiero romperte el co√Īo mientras miras a la putita que disfruta a este macho a diario, mientras me imaginas corri√©ndome en su boca y rompi√©ndole el culo como a ti te gustar√≠a que te lo hiciese.

Miguel tiró del pelo de la nuca de Nuria y esta, obediente, se levantó y se giró de modo que quedaba frente a la pared y podía perfectamente observar a la impaciente rubita a través de la cortina. La empujó para que se agachase hasta poner sus manos y casi su cara sobre unas cajas. Subió su falda hasta la cintura hasta dejar al descubierto el culo del que brotaba un escandaloso olor a sexo.

-Ahora quiero que disfrutes en silencio‚Ķ¬Ņde acuerdo zorra?

-Siii…pero vamos ¡fóllame!-susurró Nuria fuera de sí mientras miraba el juvenil culo de la muchachita a penas cubierto por la faldita de corte irregular de su poco discreto vestido.

Miguel baj√≥ con violencia el culotte hasta las rodillas de Nuria; pas√≥ dos dedos por el co√Īo y comprob√≥ que estaba caliente, dilatado, palpitante y completamente empapado en fluidos. El espl√©ndido pedazo de carne la traspas√≥ sin m√°s.

-Ahhh…-Nuria no pudo contener un intenso gemido.

-Cállate puta y no seas desobediente- Un buen azote dejó a Nuria en su lugar.

Miguel agarr√≥ a Nuria de las tetas sobre el vestido y comenz√≥ un r√≠tmico y potente bombeo que arrancaba a Nuria gemidos que a duras penas pod√≠a contener para evitar que fuesen audibles desde la calle. De repente son√≥ un m√≥vil en los pantalones de Miguel: la muchachita ten√≠a su m√≥vil puesto en la oreja mientras con una mano intentaba evitar los reflejos de la puerta de cristal para escrutar el interior, ofreciendo en esta postura semi inclinada una estupenda vista del espectacular escote de su vestido morado a Nuria, que no pudo evitar pensar que esas peque√Īas tetas no eran rival para ella. Miguel dej√≥ las tetas de Nuria por un instante y mientras con su mano izquierda la sujetaba de la cintura, sin dejar de bombear, con la derecha cogi√≥ el tel√©fono.

-Hola preciosa, dime…no, he salido a un recado…no tardaré mucho…nada una tontería, ya sabes como son los jefes pero es fácil de solucionar…jejeje ya sabes que cuando me pongo con algo hago las cosas bien, un beso, vuelve en diez minutos y ya estaré esperándote…jejeje, quizá incluso podamos encerrarnos en el almacén un cuarto de hora…jejeje total por un poco más que esté la tienda cerrada…adiós un beso- Miguel dio por concluida la llamada y colgó dejando el teléfono sobre las cajas para volver a ocuparse de las tetas de Nuria.

-¡Cabrón!- susurró Nuria, para después morderse el labio, intentando contener un orgasmo, que la superó- …ahhhh…

-¬°Ummm! Excelente olor a puta‚Ķ¬Ņya te has corrido?‚Ķque f√°cil ha sido, ahora me toca a mi ya ves que tengo prisa, pero otra vez lo hacemos m√°s tranquilamente y te rompo ese culito- la volvi√≥ a girar dej√°ndola de frente a √©l con la ropa descompuesta e inc√≥modamente apoyada en las cajas con sus piernas semi flexionadas.

Ahorcajadas bien abierto de piernas, con las de ella entre medias, comenzó a masturbarse con furia con la polla casi a la altura de sus tetas. Nuria llevó una mano a los huevos de Miguel y la otra a su entrepierna mientras abría la boca ansiosa de semen. La leche no se hizo esperar y un potente escupitajo alcanzó el cuello y el escote de Nuria que se contorsionaba en un nuevo orgasmo en ese mismo momento. Un nuevo escupitajo quedó ahora justo en su canalillo, a tiempo de que Nuria llevase la mano de los huevos de Miguel a su

escote para embadurnar bien sus dedos en leche; un tercer escupitajo cay√≥ ahora sin fuerza sobre el vestido a la altura de la barriga, mientras Nuria lam√≠a con deleite sus dedos y se esforzaba en dejar su escote limpio. El cuarto y √ļltimo lechazo fue aparar a la cara de Nuria gracias a que ambos forzaron la postura.

Nuria se relami√≥ y limpio con su lengua, de semen y fluidos el enorme capullo y el tronco de la polla de Miguel, con sus dedos retir√≥ la leche de su cara y su escote, para despu√©s en su boca no desperdiciar ni una gota. Limpi√≥ el vestido con un kleanex que dif√≠cilmente disimul√≥ la corrida y lo recompuso lo mejor que pudo. Antes de salir del almac√©n se abrazaron y se fundieron en un h√ļmedo beso sin que ninguno de los dos pudiera contenerse de acariciar sobre la ropa, las tetas y el paquete respectivamente del otro. Miguel recogi√≥ el helado deshecho del suelo y abri√≥ la tienda.

-Espera un momento cari√Īo, Rosa est√° a punto de llegar y no quiero perd√©rmelo‚Ķ

-Cabrón…-Nuria no pudo acabar la frase porque por la callé llegó la rubita que entró sonriente en la tienda.

-¬°Hola! -Hola, cari√Īo.

-Hola- contestó Nuria, con cierto deje sensual.

-Pasa al almacén un momento, Rosa, que acabe de atender a esta chica- Miguel miró maliciosamente a Nuria.

-Ok -Coge un ‚Äúcalippo‚ÄĚ y no te preocupes ya vendr√°s ma√Īana a pag√°rmelo- al decir esto, Miguel, se pas√≥ descaradamente la mano por la entrepierna atravesando los ojos de Nuria con su mirada.

-¡Gracias!…claro que lo haré cuando una tiene cuenta en una tienda tiene que sacarle partido-

Nuria se dirigi√≥ a la vitrina de los helados sin perder ojo del sensual contoneo de la rubia, deteni√©ndose ahora un momento para observar que a pesar de que la temperatura no era excesivamente alta, no usaba medias y luc√≠a unas esplendidas piernas torneadas por unas sandalias de espectacular tac√≥n y terminadas en un precioso culo, una cintura min√ļscula y una bonita espalda que luc√≠a a la perfecci√≥n con el min√ļsculo minivestido morado que hac√≠a juego con sus ojos azules y su media melena rubia.

-Adi√≥s, hasta ma√Īana- se despidi√≥ Miguel mientras sal√≠a del mostrador para acompa√Īar a Nuria a la puerta y cerrar tras ella.

-Hasta ma√Īana‚Ķno lo dudes- contest√≥ Nuria mientras sal√≠a de la tienda.

Cuando Nuria regres√≥ a casa feliz lamiendo su ‚Äúcalippo‚ÄĚ, la interrog√≥ su hermana:

-¡Un helado!..no está el día.

-Me apetec√≠a‚Ķ¬Ņquieres una chupada? -¬°Guarra!-contest√≥ su hermana con una carcajada‚Ķsiempre pensando en lo mismo‚Ķ¬Ņque es eso? -Lo mismo no‚Ķ¬°lo √ļnico!‚Ķme habr√© manchado con el helado-contest√≥ Nuria se√Īalando la mancha de su barriga.

-¬ŅDe donde vienes? -De comprobar unas cosillas que me hab√≠a dicho Pascual‚Ķ

Nuria se pasó a su cuarto, se desnudó por completo, con las cortinas corridas y la persiana abierta, ignorando que en la ventana de enfrente Marian tendía la ropa, se tiró a la cama y cogió el móvil para escribir un sms:

‚ÄúTe he hecho caso y me he consolado como he podido. La verdad es que ha sido sensacional, creo que me consolar√© m√°s a menudo. Besos‚ÄĚ

Remitió el sms a mi móvil y al leerlo lo entendí a la perfección. Le contesté, con toda sinceridad:

‚ÄúOk cari√Īo. As√≠ me gusta. Hoy me har√© una paja a tu salud. Besos‚ÄĚ

Nuria cerró los ojos y entro en un plácido sopor: le había puesto los cuernos a su novio, había disfrutado como una perra y se sentía limpia, desahogada y por fin, sin pizca de remordimiento.

Esperamos vuestros comentarios.

Autor: Nuria y Pascual

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