ÔĽŅ Mi suegro me sedujo | CORNUDOS
Mi suegro me sedujo

Mi suegro me sedujo

unca pensé que me pasaría esto, y mucho menos que lo escribiría. Pero hace poco tiempo descubrí su maravillosa web y me siento en necesidad de devolver algo de lo que he recibido a través de ella, y tal vez también la necesidad de comunicar las experiencias que he tenido.

Empezar√© diciendo que soy una chica gordita, pero me doy cuenta de algunos me consideran atractiva. Tengo 28 a√Īos, mido 1.52 y peso 67 kg. No soy bonita, pero tengo una carita simp√°tica. Los hombres han admirado sobre todo mi boca y mis ojos caf√© claro. Mi cabello es negro, lo uso largo un poco debajo de los hombros y lo cuido bastante. Tengo buenas piernas y bien macizas; mi colita no es precisamente mi punto fuerte, pero como tengo buena cadera (y un poquito de cintura, a pesar de mis varios kilitos de m√°s), cuando me agacho o me pongo un pantal√≥n o falda pegadita, mis nalguitas parecen m√°s grandes y redonditas de lo que en realidad son. Lo m√°s atractivo de mi cuerpo son mis grandes senos de 103 cm, con pezones grandes y oscuros que se ponen muy duros y erectos tan pronto como me excito.

Estoy casada desde hace un a√Īo con un hombre al que quiero much√≠simo. Lo malo es que aunque ambos somos muy ardientes y querendones, somos a√ļn m√°s enojones. Tenemos un car√°cter muy dif√≠cil. Cuando nos enojamos hacemos y decimos cosas de las que luego nos arrepentimos y los corajes nos duran mucho tiempo‚Ķ claro que las reconciliaciones son igual de apasionadas. Hacer el amor 7 u 8 veces al d√≠a no es nada excepcional para nosotros. Fue con √©l con quien verdaderamente empec√© a disfrutar el sexo.

Yo hab√≠a tenido ya varios novios antes de conocerlo y me fui a la cama con algunos de ellos, pero salvo algunas ocasiones (en realidad, me bastar√≠an los dedos de una sola mano para contarlas), nunca pude quedar a gusto con lo que sent√≠a. Con √©l comenc√© a sentirme verdaderamente mujer y a ser consciente de mis encantos. La relaci√≥n ser√≠a perfecta si no fu√©ramos tan enojones ni tan sentidos. Fue precisamente en uno de esos episodios de enojo muy fuerte donde empez√≥ esto que les voy a contar. Le fui infiel a mi marido (aunque antes y sin que yo supiera √©l ya me hab√≠a sido infiel a m√≠), y fue con la √ļltima persona que me hubiera imaginado: mi suegro.

Todav√≠a me asombra c√≥mo se dieron las cosas. Estoy segura que de no haber ocurrido la pelea que tuvimos jam√°s hubiera enga√Īado a mi marido. Pero desgraciadamente encontr√© mensajes sospechosos en su celular. √Čl no me dio explicaciones muy convincentes al respecto, en buena parte porque estaba bastante alterado por un incidente de su trabajo y tambi√©n porque estaba extremadamente cansado por sus “actividades” de los d√≠as anteriores. Lo malo es que yo resent√≠ mucho el tono de voz con que me contest√≥ y acabamos grit√°ndonos y dici√©ndonos cosas muy feas que no vienen al caso platicar.

Estuvimos casi todo el d√≠a sin hablarnos, pero ten√≠amos cita para ir a comer con unos amigos en la tarde. Sin mucho entusiasmo y dirigi√©ndonos apenas la palabra acudimos a la cita, pero a √ļltima hora ellos cancelaron. Salimos del restaurante e √≠bamos caminando con intenciones de tomar un taxi e irnos a nuestra casa, pero la tarde estaba fresca y preciosa, y yo sent√≠ muchos deseos de caminar un rato. Trag√°ndome mi orgullo, le propuse a mi esposo caminar un rato por el bulevar. √Čl casi siempre me da gusto, pero esta vez aleg√≥ que estaba muy cansado y que quer√≠a irse a dormir temprano. Esto me extra√Ī√≥ y me molest√≥ bastante, porque su cansancio jam√°s ha sido impedimento para nada, y menos para pasear o hacer el amor conmigo. Empezamos a discutir, y la cosa hubiera ido a mayores de no ser porque en ese momento ambos sentimos una mano sobre nuestro cuello y escuchamos una voz grave y clara:

- ¬ŅPor qu√© se pelean, muchachos?

Al voltear vi a mi suegro, que es un hombre alto, m√°s o menos delgado y con cierto atractivo. √Čl y yo no nos llev√°bamos muy bien hasta ese d√≠a (aunque eso iba a cambiar radicalmente en unas horas), pero lo salud&

eacute; con la cortes√≠a que correspond√≠a. Mi esposo lo hizo muy efusivamente y se puso a platicarle la situaci√≥n. Extra√Īamente, mi suegro se puso inmediatamente de mi lado:

- ¬°Ay hijo! ¬°No seas aguado, lleva a pasear a tu mujer! Si quieren, yo los acompa√Īo un rato.

Y empezamos a caminar los tres. Al principio mi suegro caminaba al lado de mi marido y ellos platicaban, pero √©l trataba de incluirme en la conversaci√≥n y poco a poco me fui poniendo a tono con la situaci√≥n. Mi marido hablaba poco y verdaderamente parec√≠a cansado y enfurru√Īado. Muy poco tiempo despu√©s mi suegro y yo platic√°bamos animadamente, como nunca antes, y en un momento en que mi marido se detuvo a arreglarse la agujeta de su zapato, vino a quedar en medio de los dos. La pl√°tica y la caminata sigui√≥, pero yo empec√© a notar que mi suegro me ve√≠a con mucha insistencia.

Aqu√©l d√≠a llevaba un pantal√≥n pescador negro ajustado y una blusita sin mangas. Las prendas resaltaban muy bien mis piernas, mis nalgas y mi busto, y era a esas partes de mi cuerpo precisamente a donde se dirig√≠an sus miradas. Y yo, que ni ese d√≠a ni el anterior hab√≠a recibido mi raci√≥n de “carne”, me sent√≠ bastante cachonda al darme cuenta. Y m√°s porque record√© que mi marido me hab√≠a dicho alguna vez que a √©l le hubiera gustado que su pene fuera del tama√Īo del de su padre: unos 19 cm.

La verdad es que esos pensamientos me hicieron avergonzarme un poco de m√≠ misma, as√≠ que intent√© alejarlos de mi mente. Pero yo me hab√≠a ruborizado un poco, y seg√ļn me dijo despu√©s mi suegro, esa fue una se√Īal que le indic√≥ que yo no ser√≠a indiferente a sus insinuaciones. √Čl se hab√≠a percatado perfectamente de que las cosas no iban bien entre nosotros en ese momento, y comprendi√≥ que podr√≠a ser mucho m√°s atrevido conforme se le presentaran oportunidades.

Pronto nos sentamos a descansar un momento. Mi marido dijo que tenía ganas de un raspado, e inmediatamente lo fue a buscar. Yo y mi suegro nos quedamos un momento sentados platicando. Comentábamos que yo había empezado a hacer ejercicio y que me sentía mucho mejor que antes, e incluso que sentía mi cuerpo más firme y había empezado a bajar un poquito de peso. Mi suegro me dijo:

-”s√≠, mi hijo ya me lo hab√≠a comentado.

Aunque lo que √©l me dijo era que te estabas poniendo bien buena”. Yo me sonroj√© por un momento y solamente atin√© a re√≠rme y decirle: “Ay suegro, creo que su hijo le exager√≥”. √Čl se ri√≥ conmigo. Despu√©s se levant√≥ y me dijo que hab√≠a que ayudar a mi marido con los raspados. Yo me levant√© y me sacud√≠ la cal que hab√≠a impregnado el √°rea del trasero de mi pantal√≥n. Mi suegro observaba atentamente la operaci√≥n y me dijo: ‚Äď Pero si es cierto lo que me dijo mi hijo: te est√°s poniendo bien buena ‚Äď y acto seguido, me dio una nalgada. Yo me sorprend√≠, no tanto por la nalgada, sino porque sent√≠ que me hab√≠a gustado. No pude evitar sonre√≠rle y √©l lo hizo a su vez. Luego, empez√≥ a caminar como si nada y yo me qued√© un poco confundida. Llegu√© a pensar que todo hab√≠a sido algo as√≠ como una broma o accidente, aunque pronto descubrir√≠a que no.

Nos pusimos a caminar nuevamente mientras nos comíamos los raspados. Mi marido iba despacio, como si le dolieran los pies. Mi suegro sugirió que compráramos unas sandalias en una tienda cercana y así lo hicimos, pero eso no le ayudó mucho. Yo me empecé a preocupar un poco, pero mi suegro empezó a contar chistes y esta vez hasta mi marido se rió. En una de ésas, mi suegro me abrazó y a mi marido, diciéndonos que nos quería mucho y le dio un beso en la mejilla a él, y luego me besó a mí, pero en la boca. Yo me sorprendí mucho otra vez.

Me sorprend√≠ de que mi marido no se diera cuenta de lo que hac√≠a su padre, pero ambos re√≠an, y yo ten√≠a que reconocer que aquel beso me hab√≠a gustado e incluso excitado. Ca√≠ en cuenta de que nada de eso era casualidad, mi suegro me mandaba se√Īales muy claras. Y sobre todo cuando mi marido, ya muy cansado, dijo que deseaba irse a casa. Y aunque protest√© d√©bilmente, estaba dispuesta a hacerlo por √©l. Pero mi suegro nos propuso otra cosa.

- Parece que Doris todavía tiene ganas de pasear, hijo. Si quieren, yo la paseo y la voy a dejar a su casa

en la noche.

Mi marido volteó a verme y le dijo a mi suegro.

- Sí, vayan si ella quiere. La verdad es que yo ya no aguanto mis pies.

Yo vacilé un momento. La verdad, me daba un poco de temor quedarme con mi suegro a la vista de todo lo que había pasado en ese rato. Pero otra parte de mí, muy resentida todavía con mi marido y deseosa de pasear, me impulsaba con más fuerza.

- Bueno, mi vida -dije al fin-. Si quieres vete a descansar y yo te alcanzo en la noche. Mi marido dijo que estaba bien, me dio un beso y se despidió de su padre antes de irse en un taxi.

Así fue que me quedé sola con mi suegro. Creo que en el fondo yo esperaba que se me lanzara enseguida. Pero él, hombre paciente y experimentado, no se apresuró. En ese momento tan sólo me dijo:

- Bueno, ¬Ņa d√≥nde te gustar√≠a ir, Doris?

Como est√°bamos muy cerca de la zona del z√≥calo de la ciudad, le dije que ten√≠a ganas de ir por all√≠ y ver los bailes regionales, si los hab√≠a. A mi suegro se le iluminaron los ojos y me dijo: ‚Äď Precisamente hoy se pone un grupo muy bueno que toca diversos ritmos. Vamos.

Y fuimos. Y el grupo de verdad era tan bueno que atrajo gran cantidad de gente. Muchos bailaban. Al o√≠r algunas piezas, empec√© a moverme inconscientemente al ritmo de la m√ļsica. √Čl me propuso que bail√°ramos, y enseguida le respond√≠ que s√≠. Me tom√≥ de la cintura y comenzamos a bailar. Mientras bail√°bamos mi suegro, h√°bilmente, me frotaba contra su entrepierna o a veces, como al descuido, dejaba que sus manos tocaran mis caderas y mis nalgas. En un momento en que dimos una vuelta, yo qued√© de espaldas a √©l y me apret√≥, con lo que mis nalgas tocaron su entrepierna, en la cual ya comenzaba a erectarse su pene. Di un respingo de sorpresa, pero tambi√©n de placer. Sentir su verga endurecida y con las ganas que tra√≠a ya desde hac√≠a rato me empez√≥ a excitar demasiado. Tanto, que yo misma advert√≠ que ten√≠a la concha mojada.

√Čl s√≥lo me sonri√≥, comport√°ndose como si nada. Tan s√≥lo me dijo:

-Te noto un poco acalorada. ¬ŅTe gustar√≠a tomar una nieve por la plaza?

Yo le respond√≠ que s√≠, tratando de que mi voz no trasluciera mi excitaci√≥n. Porque a√ļn en ese momento no estaba nada segura de querer “ponerle los cuernos” a mi marido con su propio padre. Aunque no pasar√≠a mucho rato antes de que perdiera esos escr√ļpulos. Justo antes de arrancar el auto, not√© que nuevamente mi suegro se quedaba viendo mis piernas, y esta vez coment√≥: ‚Äď Doris, tienes unas hermosas piernas.

Otra vez, no supe bien qué decirle y me limité a sonreír. Durante el trayecto esperaba con cierto nerviosismo que intentara algo más, pero no lo hizo. Realmente, creo que para esos momentos con su forma de seducir y comportarse ya se había ganado mi confianza.

Ya en la plaza y con nuestras nieves, mi suegro me llevó a un lugar un poco apartado para sentarnos. Y me empezó a preguntar cómo me iba con mi marido. Conversamos un rato sobre eso y le describí a grandes rasgos mi relación. Sin que me diera cuenta, él se había acercado a mí cada vez más, poco a poco, y en un momento en que tocábamos el tema del sexo, puso una mano sobre una de mis piernas y me dijo:

- Mi hijo debe estar contento de poder hacer el amor contigo. Eres muy hermosa. Mira qué piernas tan deliciosas tienes.

Y comenzó a acariciarlas. Yo tuve el impulso repentino de cachetearlo, pero al mismo tiempo estaba tan excitada… me quedé un momento sin saber qué hacer, y él continuó diciéndome sin dejar de acariciarme:

- Y tus caderas también lo son… y tus pechos, y tu boquita…

Y al mencionar cada cosa me la iba tocando levemente, acerc√°ndose m√°s y m√°s a m√≠. Cuando mencion√≥ mi boca me acerc√≥ la suya hasta tocar sus labios con los m√≠os, y me bes√≥. Fue un beso suave, tierno, sin tensi√≥n ni forcejeo. Conoc√≠a bien esa manera de besar: era igual a la de mi marido, quien desde nuestra primera cita me conquist√≥ con sus besos. Mi excitaci√≥n, mi enojo con mi marido y esa manera de besar y seducir fueron demasiado para m√≠. Correspond√≠ a su beso y no tardamos en pasar a besos y caricias m√°s apasionadas. Yo me sent√≠a s√ļper h√ļmeda y sent√≠ su poderosa erecci√≥n contra mi vientre, Al notar mi gran excitaci√≥n √©l me dijo por fin:

- ¬ŅQuisieras ir un

rato a un lugar m√°s apartado? Por supuesto, le dije que s√≠. Mis instintos se hab√≠an desatado y mis escr√ļpulos se paliaron con la molestia que sent√≠a contra mi marido.

Rápidamente nos fuimos a su automóvil y de ahí a un discreto motel. En el breve trayecto me iba masajeando las piernas y la panochita mientras yo me derretía. Nos registramos en una habitación y, tan pronto como cerramos la puerta, comenzamos a besarnos con pasión. Sus grandes manos masajearon mis nalgas y pronto me quitó mi blusita mientras sus labios cubrían de besos mi cuello, mis hombros y el nacimiento de mis pechos.

No tardó en desabrochar mi brassiere, con lo que mis grandes senos quedaron al aire. Mi suegro se apoderó de ellos y comenzó a besarlos y chuparlos de manera exquisita mientras yo gemía de placer y excitación. Estuvo chupando y mordiendo mis pezones durante un rato mientras yo sentía que mi concha se derretía, y su bigote no rasurado me rozaba constantemente incrementando las deliciosas sensaciones en mis pezones.

-Qu√© tetas tan grandes y deliciosas tienes, Doris. Me encantan ‚Äď me dec√≠a mi suegro, al tiempo que las apretaba.

Después de que se apartó, yo tomé inmediatamente la iniciativa y comencé a desvestirlo. Le quité su camisa y camiseta, besando las partes que iba dejando al descubierto. Me arrodillé para quitarle el cinturón y el pantalón y liberar la poderosa verga que pugnaba por salir de su encierro. Le quité la trusa y la verga saltó como un resorte. La contemplé admirada: era unos 7 cms más grande que la de mi marido, y no pude evitar tomarla inmediatamente en mi mano y apretarla con firmeza.

- ¬°Qu√© grande! -dije con admiraci√≥n. Jam√°s hab√≠a visto una de ese tama√Īo, y la verdad es que me derret√≠a con la sola idea de tenerla dentro de mi boca y mi vagina.

- Disfr√ļtala, preciosa -dijo √©l, y yo no necesit√© mayores incentivos.

Inmediatamente cubrí de besos la deliciosa cabeza y el poderoso tallo surcado de venas, disfrutando de su sabor y deliciosa textura. Después la atrapé entre mis labios, succionando suavemente. Bajé lentamente y comencé a mamarla desde un poco más de la mitad hasta a la punta, paladeando cada centímetro, tratando cada vez de meterme más de esa deliciosa tranca a la boca y arrancándole a mi suegro suspiros de placer. Estuve mamando un buen rato.

Mi suegro puso su mano sobre mi cabeza y yo increment√© la velocidad. Estaba s√ļper excitada y me dieron ganas de probar la leche. Desde que mi marido me la hab√≠a dado por primera vez me ha gustado, y quer√≠a comerme entera la leche de esa verga tan grande y dura. Mi suegro se dio cuenta y me dijo entrecortadamente:

- ¬ŅQuieres que te d√© la lechita en tu boca? ‚Äď Mmhhmm -asent√≠, sin dejar de mamar‚Ķ

- Entonces prep√°rate, preciosa, que te voy a dar leche bien caliente y espesa.

Entonces incrementé la velocidad, y mi suegro comenzó a gemir y suspirar. Me saqué la verga de la boca y la abrí al máximo mientras lo masturbaba. No tardó en caer la primera gota sobre mi lengua y luego chorros enteros inundaron mi boca. Comencé a tragármelos lo más rápido que pude mientras él gemía y gritaba de placer. Su sabor era algo salado, pero delicioso. Me lo comí todo, y cuando terminé, metí de nuevo la cabeza de la verga en mi boca para limpiarla bien. Mi suegro me levantó cuando terminé y, sin importarle que yo tuviera todavía un poco de semen en los labios, me dio un beso profundo y delicioso.

- Chupas de maravilla, Dorita. Ahora me toca a mí.

Me tendió sobre la cama y se apoderó nuevamente de mis senos. Las chupó con avidez, pero sólo unos momentos. Luego bajó poco a poco hasta llegar a mi panocha (concha). Me abrió las piernas mientras me sonreía y acto seguido empezó a acariciar mis labios vaginales con su lengua. Yo gemí al sentir el delicioso contacto, y seguí gimiendo mientras recibía una de las más deliciosas comidas de panocha que me hayan dado.

La lengua de mi suegro hacía maravillas con mis labios y mi clítoris, mientras yo gemía y pellizcaba mis pezones sintiendo cómo las oleadas de placer recorrían mi cuerpo. A momentos me introducía la lengua casi completa en la vagina y yo levantaba mis caderas buscando que la metiera más y más. Mi suegro se dio cuenta y empezó a mover su lengua

en mi clítoris cada vez más rápido, así que no tardé mucho en venirme abundantemente entre profundos alaridos de placer.

El orgasmo me relajó un poco, pero yo tenía ganas de más. Quería su poderosa verga dentro de mi rajita. Mi suegro se dio cuenta de esto y, sonriendo, se levantó y se colocó sobre mí. Empezó dándome deliciosos besos en la boca, bajando por mi cuello y apoderándose de mis senos y haciéndome suspirar con cada mordida y chupada que me daba.

- ¬ŅQuieres que te la meta, preciosa? -me dijo, mientras me frotaba su verga en las piernas.

- Siii… siiiiiiiiiiiii… métemela, por favor.

√Čl no necesit√≥ mayores incentivos. Acomod√°ndose tom√≥ su deliciosa verga y la frot√≥ por los labios de mi panochita. Yo me estremec√≠ al sentir su dureza y tembl√© de emoci√≥n ante la perspectiva de verme ensartada por su enorme salchich√≥n. No me hizo esperar mucho, y como ya estaba bien mojada, empez√≥ a meterme la verga muy poco a poco. Yo nunca hab√≠a sentido una de ese tama√Īo. Cada cent√≠metro era un viaje de ida y vuelta al para√≠so. Ya llevaba metido un buen tramo, cuando en un momento de excitaci√≥n lo atraje hacia m√≠ y el resto de su verga me penetr√≥ de un solo golpe. Yo di un grito de sorpresa, excitaci√≥n y un poco de dolor. Mi suegro se dio cuenta y dej√≥ su verga quieta durante unos momentos para que me acostumbrara a su tama√Īo. Cuando vio que me relajaba, comenz√≥ a bombear.

Despacio al principio. Pero luego cada vez con más fuerza. Yo sentí que mi vagina se abría como nunca antes. De tanto placer que sentía gemía y gritaba cada vez más fuerte. Mi suegro alternaba esas deliciosas embestidas rápidas con unas más lentas y profundas.

Y mi suegro tambi√©n disfrutaba, pues jadeaba cada vez m√°s fuerte y me bombeaba tan r√°pido que sent√≠a una explosi√≥n de placer continua. Mis u√Īas se clavaron en su espalda y mis caderas sub√≠an al encuentro de las deliciosas penetraciones.

- ¬ŅTe‚Ķ gu‚Ķsta, Do‚Ķrita? ¬ŅEst√°s dis‚Ķfru‚Ķtando? ‚Äď me dijo mi suegro entre jadeos.

- ¬°Ay‚Ķ ay‚Ķ ¬°S√≠, sssssiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¬°¬°¬°M√°s, m√°s!!! ‚Äď respond√≠a yo. Estaba completamente fuera de m√≠. Al ver que me ven√≠a, mi suegro aceler√≥ a√ļn m√°s el ritmo de la cogida. Yo no pude soportar m√°s. Me abandon√© a la dicha de un orgasmo muy intenso.

Quedé tan aletargada que por unos segundos sólo pude jadear y tratar de recuperar el aliento. Mi suegro se quedó estático, jadeante, con su verga empalándome firmemente. Cuando los dos nos recuperamos un poco me preguntó:

- ¬ŅDisfrutaste, Dorita? ¬ŅTe gust√≥ la cogida?

Yo todavía no podía hablar, así que, con los ojos cerrados, me limité a sonreír y asentir con mi cabeza.

- Dorita, como no tenemos protecci√≥n, ¬ŅMe dejar√°s venirme en tus tetas y tu pancita? Yo volv√≠ a asentir. En realidad no hab√≠a mucho peligro, pues hab√≠a terminado de reglar hac√≠a s√≥lo cuatro d√≠as. Pero siempre me ha gustado recibir el semen en mi cuerpo, sobre todo en los senos, el cuello y el culito. En la cara me gusta menos, pero tambi√©n lo disfruto, aunque prefiero recibirlo en mi boca para beberlo.

Mi suegro comenzó a moverse de nuevo y pronto me sacudió el letargo, pues comenzó a moverse rápido, haciéndome sentir un placer inmenso. Tomó mis piernas y pegó mis pies a su pecho, lo cual hizo que me penetrara todavía más profundamente, tanto que creí desmayarme de placer. Era como si estuviera sentada sobre su verga. Sentí que me volvería a venir. Mi suegro se dio cuenta y aceleró todavía más. Volví a venirme, un poco menos intensamente que la primera vez, y entonces mi suegro se saló de mí y comenzó a disparar chorros de leche sobre mis senos y mi vientre. Fue una eyaculación no tan abundante como la que me había comido hacía un ratito, pero sentí cada gota que caía sobre mí. No lo disfruté tanto por que estaba demasiado aletargada, pero me gustó la sensación del semen caliente resbalando por mi piel.

Mi suegro se acostó a mi lado, Yo esperaba que él frotara su semen por mis senos como lo hacía mi marido, pero no lo hizo. Cuando él vio que yo comenzaba a hacerlo, me detuvo.

- Déjatelo así, Dorita. Vamos a dormir un rato y vas a ver qu&

eacute; bonito se ve cuando se seque.

Ten√≠a la vaga idea de que a√ļn no era de noche, pero a√ļn as√≠ me preocupaba el hecho de llegar tarde a casa. De todos modos, estaba tan somnolienta que no puse reparos. Antes de dormirme, sent√≠ que mi suegro me daba un beso al que correspond√≠ d√©bilmente y luego me qued√© dormida.

Desperté al sentir una sensación familiar en mis pezones, como si unos labios y dientes se hubieran apoderado de ellos. Por un momento pensé que era mi marido, pero inmediatamente recordé que estaba con mi suegro. Cuando abrí los ojos, él estaba lamiendo y mordiendo una vez más mis pezones, produciéndome olas de placer que llegaban y calentaban mi conchita. Mi suegro me vio abrir los ojos y me sonrió diciendo:

- Mira como se ven tus senos y tu pancita cubiertos por mi lechita, Doris.

Me ayud√≥ a incorporarme y me vi en el espejo. La verdad es que era un cuadro muy caliente. Mis senos y mi vientre se ve√≠an brillantes, con las gotitas de semen esparcidas todav√≠a. Me calent√© much√≠simo, y volvimos a besarnos apasionadamente. De nuevo mi suegro se puso sobre m√≠ y mam√≥ mis tetas al tiempo que mi panocha h√ļmeda y caliente volv√≠a a recibir su vergota.

Esta vez no la sent√≠ tan dura, pero era comprensible despu√©s de la mamada y el tremendo palo de un rato antes. A√ļn as√≠ me dio much√≠simo placer, y empec√© a jadear y subir mis caderas r√≠tmicamente al encuentro de su verga que taladraba mi vagina. Me tom√≥ una pierna, la subi√≥ sobre su hombro y me la meti√≥ con m√°s fuerza a√ļn.

Esa posici√≥n siempre me ha hecho ver estrellas porque siento la penetraci√≥n muy profunda, y con el tama√Īo de ese delicioso palo sent√≠a que me llegaba hasta el est√≥mago. Empec√© a gritar cada vez m√°s fuerte, cerrando los ojos para concentrarme en la sensaci√≥n. Me sent√≠a tan excitada que me di cuenta que me vendr√≠a muy pronto.

- ¡Sí, si… ¡Qué rico… ¡Me voy a venir! ¡Me voy a veniiirrrrrrr! Grité, y mi suegro soltó mi pierna y me empezó a dar más rápido y yo me vine por tercera ocasión. Entonces, él aminoró el ritmo, esperando a que me recuperara. Yo no podía, así de saciada y satisfecha me sentía. Cuando al fin me recuperé un poco, mi suegro me dijo:

- ¬ŅMe dejas venirme en tu boca, preciosa? ‚Äď Sssssiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, d√°melo. Quiero beberlo -contest√© entusiasmada.

Me dio todavía unas embestidas más y después me la sacó, se incorporó en la cama y empezó a masturbarse. Yo abrí mi boca, lista para recibir la lechita caliente y espesa, y en unos segundos sentí otra vez unas gotas de semen en mi lengua y su delicioso sabor salino. Esperaba recibirla toda en mi boca, pero esta vez me dio el resto en mis mejillas, en mi frente y sobre mi nariz.

- Mira que bonita te ves con la lechita en tu cara -me dijo.

Me incorporé para verme en el espejo. Era en verdad estimulante ver mi cara cubierta de leche. La eyaculación no había sido muy abundante, pero sí lo suficiente como para dar un espectáculo muy excitante.

Nos levantamos para irnos directamente al ba√Īo. Nos ba√Īamos juntos, lavando muy bien nuestros cuerpos y jugando con el jab√≥n. Ah√≠ mi suegro me dio otra chupada de senos y yo le tom√© su verga, haci√©ndole una lenta masturbaci√≥n. Tal vez si lo hubiera estimulado con mi boca hubiera hecho que se parara nuevamente. Pero ya era tarde, y ambos sab√≠amos que deb√≠amos regresar. Nos arreglamos r√°pidamente y salimos del discreto lugar.

En el trayecto de regreso yo iba adormilada. El placer, las emociones del d√≠a y los tres orgasmos me hab√≠an dado mucho sue√Īo. Cuando estaba a punto de cerrar los ojos sent√≠ la mano de mi suegro en mis piernas. Aprovech√≥ un alto para voltear a verme y sonre√≠rme.

- ¬ŅC√≥mo te sientes, Dorita? Ambos sab√≠amos perfectamente a qu√© se refer√≠a. Yo le sonre√≠ forzadamente y le dije:

- Mejor de lo que pudiera suponer‚Ķ Estoy segura de que mi marido me enga√Īa.

- Mmm… -susurró, soltando mi pierna.

Se quedó pensativo y silencioso un largo rato. Se diría que estaba enojado. Yo me sorprendí un poco, pero estaba demasiado cansada como para preguntar el motivo. Sólo cuando ya estábamos cerca de mi casa volvimos a platicar, esta vez de cosas intrascendentes. Cuando llegamos, me acerqué a mi

suegro y le di un beso en la mejilla. Ninguno buscó los labios del otro. Cuando me despedí y estaba a punto de bajarme, me dirigió una sonrisa pícara y me preguntó:

- ¬ŅNos encontraremos otro d√≠a? Yo le sonre√≠ a mi vez y me baj√© del coche. Sab√≠a que volver√≠amos a hacerlo, y no ser√≠a precisamente para platicar. Cerr√© la puerta y le dije sonriendo a mi vez: ‚Äď Usted tiene el n√ļmero de mi celular, suegro.

Entr√© a mi casa, pero antes de entrar a mi cuarto con mi marido pas√© al ba√Īo a prepararme para dormir. Mi esposo dorm√≠a profundamente, y aunque tiene el sue√Īo muy ligero, no sinti√≥ cuando me acost√© a su lado. Yo apagu√© la l√°mpara de noche y me dorm√≠ de inmediato.

A la ma√Īana siguiente me despert√≥ la sensaci√≥n de una dura verga que se frotaba insistentemente contra mis nalgas. Unas manos se apoderaron de mis senos y una lengua traviesa recorr√≠a mis orejas y mi cuello. Yo me volv√≠ hacia mi marido y lo abrac√©. El descanso nocturno le hab√≠a devuelto su magn√≠fica potencia. Tanto, que me cogi√≥ dos veces seguidas sin salirse mas que para cambiar de posici√≥n. Mi boca y mi panochita recibieron una s√ļper dosis de leche y me vine cinco veces en ese rato.

La verdad, nadie conoce mi cuerpo como mi marido y nadie me ha amado con tanta pasi√≥n. Me pidi√≥ perd√≥n por todo lo que hab√≠a pasado el d√≠a anterior y yo le cont√© que hab√≠a entrado al cine con su pap√°. Despu√©s me hizo el amor una vez m√°s, volv√≠ a recibir su c√°lida leche en mis entra√Īas y, aprovechando que era fin de semana, nos dormimos casi cuatro horas m√°s.

Y por supuesto, sentí remordimientos de conciencia por la aventura con mi suegro. Pero no me duraron mucho. Esa misma noche me confirmaron que mi esposo me había sido infiel, y en menos de dos días lo confirmé yo misma. Lo que jamás hubiera podido imaginarme es con quién me fue infiel.

Autor: Gorditasexy

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